29 mar. 2006

Danny Ocean


Debo estar viviendo la semana del atracador (y del secuestrador por lo de la perrita de mi tendera). Ayer acudí a un casino, Gran Casino como le han bautizado, porque acaban de inaugurarlo. Más concretamente, anoche fue una especie de inauguración-ensayo con invitados, gente curiosa y algún que otro aguililla (como yo) que se coló de soslayo ante el desconcierto de la apertura. El juego no es un vicio que tenga muy definido, ni siquiera tengo idea de jugar al Black Jack, al Póquer o la Ruleta, pero en esos ambientes se suelen encontrar señoras adineradas con un gran sentido de correrse una buena juerga o despistadas que se dejan llevar por la emoción, en el amplio sentido del término. Esta fue la razón que me empujaba a colarme en el mencionado casino. Bueno eso y que, con un poco de suerte, al ser de los primeros me invitarían a alguna copa. Todo reluciente, nuevo, enmoquetado y brillante. Los crupiers debidamente uniformados al igual que los camareros. Una sonrisa me labró el camino con el barman de turno que me sirvió un magnífico malta de reserva a cambio de un despiste entre los primeros clientes. Merodeando no encontré la fauna que esperaba, más bien elegantes señores, algunos currantes y pocas hembras a las que arrimarse. No parecía el día idóneo pero me dejé llevar. Me aproximé a la ruleta, que siempre me ha fascinado por el sonido de la bola saltando y buscando el número agraciado. Estaba bastante ambientado, unos parecían que solían jugar a menudo y las rondas se sucedían con frenesí. Las fichas de colores que manejaban los jugadores corrían de un lado a otro. De repente un grito lejano cautivó las miradas de algunos. Aproveché para coger cuantas fichas me cupieron en los bolsillos y cambié de juego tan rápido como un rayo. Mientras, un velocista intentaba batir el récord de los cien metros en medio del casino, arrastrando una bolsa, en buscando de su meta: la salida. Los de seguridad (abundantes) lo detuvieron sin problemas en la entrada y lo inmovilizaron. Empezaron a aparecer más personajes. Deduje que más miembros de la seguridad del casino de incógnito que estaban al acecho. Se armó un pequeño revuelo enseguida disuelto. Una potente voz del que parecía el jefe (pinganillo en la oreja y traje oscuro incluido) aclaró que se trataba de un simulacro y que cualquier intento de robar o atracar el casino sería misión imposible, debido al enorme sistema de seguridad: cámaras, agentes, alarmas,... bla, bla, bla. Algunos ilusos incluso aplaudieron. Me escabullé como un curioso más y logré alcanzar la puerta de salida. Pero en el hall estaban más miembros de seguridad que me escrutaron implacablemente. Me hice el despistado y pregunté por el water-close que, amablemente me indicaron. No parecía fácil salir tan pronto con los bolsillos llenos, así que en el baño examiné las fichas para seleccionar las más valisosas. ¿Cómo puedo ser tan idiota? Eran de mentira. Por un lado una cantidad y por el reverso una publicidad del casino anunciaba: Estas fichas son una reproducción de las que serán puestas en funcionamiento próximamente. Las tiré por el váter y salí resoplando. Me dejaron marcharme después de pasar el correspondiente control de seguridad. Ni siquiera Danny Ocean sería capaz de dar un golpe certero en este casino. Pero seguro que si lo intenta lo consigue.

Hablando de Roma, resulta que me llamó esta mañana para concertar una cita hoy mismo. Veremos qué me cuenta.

Suena el timbre.
-Adelante señor Ocean.
-Gracias doctor.
Siempre elegante, sonriente y con esa mirada socarrona capaz de engañar hasta su sombra.
-No se lo va a creer, pero anoche pensé en usted.
-Qué casualidad, acaso atracó un banco o un casino y no le cogieron.
-No exactamente. Sólo hice unas comprobaciones en la seguridad de un nuevo casino. Aún están de pruebas, pronto inaugurarán. Pero supongo que no le interesa, usted tiene retos más difíciles.
-La verdad es que ahora tengo uno nuevo por delante. El éxito de mi banda y nuestros golpes ha provocado que tengamos una nueva oportunidad de demostrar que somos los mejores.
-Ya.
Parece un poco arrogante pero sin caer estúpido.
-Cuénteme señor Ocean. ¿En qué le puedo ayudar?
-Precisamente este nuevo proyecto que se plantea me supone una cierta inquietud. Ya hemos logrado atracar tres de los mejores casinos de Las Vegas con 160 millones de por medio, robar el famoso huevo Faberge, a pesar de un gran rival y, ahora, se nos plantea una nueva vuelta de tuerca. Rusty, Linus y los demás están de acuerdo, así que no nos queda otra. Mi desconcierto se cierne sobre si lograremos alcanzar de nuevo nuestro objetivo y sin que nos pillen.
-Mire señor Ocean, han demostrado que son los mejores, son un grupo único e irrepetible, que a pesar de las dificultades no dudo que lograran lo que se propongan.
-Eso ya lo sé doctor, pero tengo dudas. Mi instinto me dice que hay algo que no va a encajar. De momento se incorpora uno más. En concreto, una más. Algo que parecía evidente, pero hay algo que no sé explicar y me tiene desconcertado.
-Pues hasta que no lo averigue no le puedo ayudar. Además, creo que aún es pronto. Hasta el verano no empieza el rodaje y hasta el próximo del 2007 no se estrenará. Mantenga la tranquilidad y olvídese. Cuando pase un tiempo si sigue con ese algo indefinido que lo perturba, venga de nuevo y concretaremos con mayor exactitud.
-¿Me hipnotizará doctor? Me han dicho que así se consigue saber lo que piensa mi subconsciente.
-Ya veremos señor Ocean. Ya veremos. Marche tranquilo.
-Gracias doctor. Seguiré su consejo. Aunque tengo también el presentimiento de que volveré.
-Hasta la vista, entonces.
Se marchó con el mismo aire arrogante y seductor con el que apareció.

Espero que se aclare un poco y así me pueda ayudar a sacar unas cuantas fichas del maldito casino. Tendré que volver a intentarlo, buscaré los planos, reclutaré a un puñado de expertos,...
Aunque a mí me gusta trabajar en solitario y eso dificulta la labor. Unas cuantas copas y trazaré el plan.

27 mar. 2006

Feliz Cumpleaños TARANTINO


Felicidades amigo. Hoy cumples 43 añitos de cinéfilo. Siento no poder celebrarlo contigo, porque ya sé que estás sumido en una vorágine de proyectos: en la post-producción de Killshot, rodando Grind House, preparando Hell Ride y, también, con los primeros pasos de Inglorious Bastards. Aún recuerdo tu última visita y lo bien que lo pasamos. Espero volver a verte pronto y brindar.

24 mar. 2006

The Inside Man


Tras unos largos y tediosos días de recuperación, mi cuerpo ha empezado a reencontrarse con su estado habitual, que no es bien pero es el de siempre. Mi nevera me estaba pidiendo ayuda humanitaria y destartalada despensa necesitaba una reposición urgente. No me ha quedado más remedio que bajar a comprar algo que comer. Mi dieta no es precisamente exquisita ni ordenada pero entre botella y botella de whisky debo ingerir algún bocado.

Suelo comprar irregularmente en una tienda de desavíos pequeña y repleta de sugerencias que hay en la calle de atrás. La regenta una tendera siempre emperifollada y perfumada, que parecería mal ubicada en semejante tienducha a tenor de su aspecto físico, pero en cuanto abre su boquita y deja escapar el torrente de voz agudo y chabacano se derrumba esa primera impresión. La pequeña tienda tiene un mostrador de cristal en el que acumula todo tipo de productos de primera necesidad, a modo de almacén (debe carecer de ello) por lo que se hace difícil mantener un pequeño contacto visual con ella entre las cajas de leche, zumos, pan de molde, huevos, y bollería variada que forman la barrera. Muchas vecinas del barrio se hacinan en la tienda para comprar algo que se les ha olvidado dicen, pero con la excusa de perder la mañana marujeando y controlando quién compra y qué compra, para con semejantes argumentos montar sus historias domésticas. A mí me tienen calificado de borracho-loco-pervertido-huraño-apestoso según si compro vino, mermelada, bizcochos, pan o queso, esto es suficiente para saber quién soy. La tendera es siempre simpática y amable, su posición de cara a los clientes le obliga a ello por lo que sólo la miro a ella y obvio que el resto del coro me clava sus ojos mientras tanto. Una pequeña perra caniche siempre está en la puerta, sentada, vigilante, blanca y pizpireta con sus lazos de colores. Supongo que es la única compañía que le queda a la tendera cuando echa la persiana de su negocio cada tarde. Todo el mundo parece conocer a "Lili", la acarician y ella devuelve el saludo a su estilo canino. Parece bien cuidada a tenor del brillo de su pelaje. Siempre ha estado ahí y algunas veces no me había fijado lo suficiente.
Mientras la tendera me servía alguien entró encapuchado y armado en el local. Las marujonas pegaron un grito y quedaron mudas al instante. Yo me giré y me quedé estático. Un vulgar ladronzuelo al más puro estilo años 70, armado con una pistola de goma malpintada con betún cogió a la perrita "Lili" y tiró un cartón sobre el suelo. Salió huyendo. Las marujonas comenzaron su particular rueda de prensa y la tendera se echó a llorar desconsolada mientras se asomaba a la puerta. Ya no se le veía. Había desaparecido veloz con un plan oculto y estudiado. El cartón estaba escrito por una de sus caras. Bueno, más exactamente estaba rotulado con recortes de periódicos pidiendo un rescate por "Lili". La tendera me pidió ayuda, me agarró del brazo y me pidió ayuda desesperada. Pero qué iba a hacer yo. Correr detrás de un desalmado secuestrador de perritas despistadas. Le dije que no se preocupara seguro que ni le hacía caso volvería a exigir el rescate o intentar extorsionarla con degollar a "Lili" y que antes de que eso ocurriera avisara a algún policía de barrio que estuviese cerca para atraparle. La pistola no es de verdad. Le confirmé. Y por su aspecto no creo que sea capaz de hacerle frente a la perra si ésta le mordía. Ella me lo agradeció tanto que no me quiso cobrar la compra. Incluso me regaló una docena de huevos. Para un hombre con valentía y coraje me soltó.

Me marché con mis bolsas y mientras las colocaba en la despensa sonó el teléfono. Era un nuevo paciente. Se dice llamar inspector Frazier, Keith Frazier y está desesperado porque tiene a un ladrón de bancos y a una agente despiadada fastidiándole a base de bien. Hoy estrena en EEUU su película "The Inside Man" y no sabe como afrontar la situación. Desconfía de todos. Le intento ofrecer una cita para que venga al gabinete y me esgrime que no tiene tiempo, que este fin de semana se juega mucho y que no se fía de mí. Bueno, pues nada, que tenga suerte amigo.

Creo que detrás de todo está Spike Lee, así que no sé de qué se preocupa.

21 mar. 2006

¿Qué estoy haciendo? (2)



De nuevo me ponen en el aprieto de resolver un meme de los que te tienes que estrujar la materia gris. Esta vez ha sido el señor Alvy Singer el que amablemente me invita. Ahí lo llevas:

CUATRO TRABAJOS QUE HE TENIDO: En mi errática vida laboral se puede encontrar un poco de todo, pero recuerdo con ternura lo sufrido de mis comienzos buscando un sueldo con el que pagar los vicios. Desde encuestador, repartidor de periódicos (yo ponía el coche), recogevasos en garitos nocturnos, hasta llegar incluso a pinche de cocina, donde disfruté de lo lindo limpiando, cargando cajas y, de vez en cuando, encendía los fogones. Todo esto es para olvidar, aunque siempre te curte en experiencia vital, en cicatrices y cuidado dónde te metes.


CUATRO LIBROS QUE HE DISFRUTADO RECIENTEMENTE: Soy lector voraz y siempre tengo varios en lectura y otros cuantos en espera. De los que recuerdo disfrutar están "Este rodaje es la guerra. Apocalipsis final (3ª parte)", "Breve historia del Japón" o como comprimir tres milenios de historia en setenta páginas, "La reina sin espejo" de Lorenzo Silva, una novela negra española y muy actual, y, por último, "Diccionario Panhispánico de dudas", que me ayuda y me entretiene, porque soy de los que le gusta leer diccionarios.


CUATRO LUGARES EN LOS QUE HE VIVIDO: En mi búsqueda de hogar llegué a vivir en un dúplex compartido, una monada muy cara que tuve que abandonar pronto, también en un barracón militar (sin comentarios), siempre dicen que vivo en "mi mundo", que es inabarcable e inexplicable y también en este gabinete que ahora es público, pero que siempre me alojó cuando no tenía donde acudir.

CUATRO SITIOS QUE VISITO DIARIAMENTE: Dentro de la blogosfera hay muchos (aparecen el lateral derecho) que cada día son más y que intento no faltar a mi cita con ellos. Cualquiera de los que aparecen son frecuentados por mi persona.

CUATRO SITIOS EN LOS QUE ME GUSTARÍA ESTAR AHORA MISMO: Mi tendencia alcohólica me obliga a tener el deseo de estar en la destillería de Macallan, en un mundo mejor, en cualquier rincón del mundo que tenga un cine y una biblioteca cerca, y algún sitio donde pueda hacer lo que quiera.


CUATRO DISCOS QUE HE DISFRUTADO RECIENTEMENTE: "You're beautiful", "Quelqu'un m'a dit", "Catching Tales" y "A selection of tracks from the blue note years".

CUATRO PERSONAJES QUE ODIO IRRACIONALMENTE: A Forrest Gump por tonto, a... no me gusta recordar a los que odio, siempre intento recordar a los que amo y son muchos.

CUATRO BLOGGERS A LOS QUE PONGO AHORA EN EL APRIETO: A DulceSophie para que así pueda evaluarla mejor y ver si necesita mi tratamiento, a Thalatta porque así se distrae y nos distrae un buen rato, a Frente Partida porque necesita su primer meme y al Jinete del Resplandor porque así cumplo debida venganza.

16 mar. 2006

The Wolf Man

Noche de luna llena significa, en términos psiquiátricos, un influjo en nuestra conducta científicamente probado. En personas normales y en las que poseen una mentalidad aberrante. Los casos de asesinato, asaltos, suicidios, accidentes automovilísticos aumentan de forma dramática durante el plenilunio. En nuestro comportamiento, se incrementa perceptiblemente las tasas de actividad física, metabolismo, agresividad y actividad sexual. Esto último es lo que yo sentía en mi interior que necesitaba, a pesar de que se me pueda calificar de tener una mentalidad aberrante.
Pisé la calle en cuanto el sol se despedía y recibí a una luna maravillosa buscando antros donde comenzar a divertirme. Todo parecía ir bien. El alcohol comenzaba a correr por mis venas y un estado de euforia exacerbado me dominaba. Buscaba ansioso alguna hembra para satisfacer mi ansia, en principio de mirar, pero no había fémina que me sedujese. Decidí cambiar de aires y busqué velozmente algún otro local ambientado. La noche estaba pletórica, mucha gente deambulaba buscando diversión. El tráfico parecía más propio de la mañana. Algunos cantaban en grupo al cielo con botellas en las manos. De repente, siguiendo el rastro de unas jovencitas dí con un local que mostraba un éxtasis de juerga. La puerta abarrotada indicaba que su interior estaba copado por envenenados por la luna como yo. Conseguí entrar a pesar de mi aspecto ya demacrado y mi aliento inflamable. La temperatura alcanzaba el calificativo de horno humano. Esto debía ser lo más parecido a un verdadero infierno, sólo que faltaban las calderas en llamas. Todos bailaban un atronadora "música", o ruido estruendoso que parecía hipnotizar a todos y que inevitablemente les arrastraba a agitar o mover rítmicamente alguna parte del cuerpo o todas a la vez. La barra estaba imposible, así que tuve que conformarme con apropiarme de las copas de los más despistados. La mezcla no me suele jugar buenas pasadas pero no había otra opción.
Acabé arrastrado hasta lo que parecía la pista de baile, donde gracias a la mágica luna, encontré mi víctima. Una joven de muslos prietos asomados a una diminuta falda que se alzaba sobre unos tacones de vértigo. Se movía sensual, con ritmo, con conocimiento, con dos mil miradas clavados en su culo y alguna que otra en su torso. Sus carnosos labios estaban dibujados con carmín oscuro y su larga melena se agitaba suelta y elegante. No podía dejar de mirarla, mi secreción salival empezaba a notarse excesivamente, así que decidí que tenía que disimular, aunque no me guste. Giraba absorto, pero siempre buscando un acercamiento visual que no se correspondía. Más cerca. Pensé. Más cerca. Me aproximé hasta casi un metro pero tenía un gilipollas que se creía estar en un concurso de breakdance y me tapaba el paso. Algunos le aplaudían incluso. Logré zafarme de él y cuando la tuve tan cerca como para tocarla, le miré los ojos. Brillaban por encima de mi cabeza. Es altísima. Y está buenísima. Ya no podía disimular más, así que de perdidos al río y la sujeté por la cintura en un intento de baile al estilo lambada pero no me dió tiempo ni a sentir su calor en mis manos cuando el bailarín de breakdance me agarró del hombro. No sé qué estaba diciendo, me aparté y continué con mi baile calentón. Ella parecía sonreir, pero no veía bien. La vista se me nublaba y encima las lucecitas de los huevos parpadeaban al ritmo del ruido infernal. No pude aguantar más. Le agarré sus posaderas, acaricié sus glúteos y me pareció lo más agradable que mis manos habían palpado nunca.
Poco me duró. El bailarín era la pareja de ella y decidió mostrar su hombría en mi cuello. Un golpe que dejó aturdido mientas siguieron viniendo mamporros a mi mandíbula hasta que caí. Cuando me incorporé se habían expandido tanto los golpes que todos parecían haberse contagiado. Ella no estaba. Yo sangraba por el labio. Recibí un poco más de madera hasta que logré zafar tras una columna. Todos se habían vuelto locos. La pelea era multitudinaria. Todos contra todos. Los vasos volaban, los de seguridad cobraban, ellas gritaban. Las luces seguían su ritmo. La música bajó de volumen para permitir que los gritos envolvieran el ambiente. Conseguí salir por una puerta de emergencia que unas señoritas empujaron. Muchas corrían despavoridas y yo entre ellas alcancé la calle.
Menuda noche. La mandíbula hinchada, el cuello magullado y alguna costilla resquebrajada.

Espero que a Benicio del Toro le vaya mejor cuando se calce el disfraz de hombre lobo en su nuevo proyecto. Seguro que a él le respetarán más. Se lo merece.

14 mar. 2006

Oscar 2007


Estoy impaciente porque oscurezca. Porque el sol deje de brillar y deje paso a una espectacular luna llena que dictará su influjo sobre mi cuerpo. En noches como la que se avecina me siento envuelto en un mágico desenfreno de diversión, me transformo como un licántropo en busca de sus víctimas. Aunque no siempre acabo satisfaciendo mi apetito, pero me resulta estimulante la búsqueda desenfrenada de experiencias alocadas y guiadas por el subconsciente. Me aseo, me bebo media botella antes de pisar la calle y cuando salgo no sigo ningún itinerario fijo, simplemente me dejo guiar por mi instinto. Con un poco de suerte y mucho alcohol acabaré en el Séptimo Cielo, donde alguna diosa me seguirá el juego. Seguro que lo pagaré caro. Pero no me planteo el futuro más allá de un parpadeo. En vista de como el mundo rueda mejor no pensar.

Hoy he conversado con mi amigo White Chocolate, del que hacía tiempo no tenía noticias. Nos reimos con anécdotas y detalles de sus peripecias fotográficas en la alfombra roja de la Ceremonia de los Oscar. Como siempre astuto y audaz, pero no consiguió captar alguna comprometida instantánea, como suele hacerlo. Aunque ellas estuvieron precisamente precavidas y no dejaron un milímetro a la espontaneidad. Se tuvo que conformar con meter el 300 mm en los ceñidos vestidos buscando lo que todos quieren ver -según me ha detallado-.
También me ha puesto al día de lo último. Los galardonados ya no son noticia, ahora se especula con los próximos: véase... Russell Crowe por A Good Year, Gretchen Mol por The Notorious Bettie Page, por cierto sexy paciente que tuve el gusto de atender, Paul Bettany por The Da Vinci Code, quitándole el protagonismo al mismísimo Tom Hanks; Angelina Jolie por The Good Shepherd; Ron Howard por The Da Vinci Code; y como mejor película... la omnipresente del 2006, The Da Vinci Code. Le comenté a White Chocolate que a ver si se acuerdan de Scorsese y le entregan uno honorífico, creo que después de siete nominaciones y cuatro décadas de grandes películas (Mean Streets, Taxi Driver, Raging Bull, After Hours, Goodfellas, Casino, The Aviator,...) ya es el momento. Pero eso no debe preocuparle, ya que los más grandes nunca consiguieron la estatuilla por méritos propios, sino cuando ya chocheaban para quedar bien o póstumos (para quedar regular).
Mi buen amigo me prometió que me llamaría más a menudo y, más ahora, que andaba tras la pista de interesantes rumores que soplan por Sunset Boulevard y alrededores.

La luna empieza a dibujarse en el firmamento. Es hora de prepararse para la noche más luminosa.

11 mar. 2006

Lex Luthor


Llevo días sin pisar la calle. Continúo con una apatía cada vez más aguda, hundido en una espiral oscura que me tiene atrapado. La proximidad de una incipiente primavera me está afectando, al igual que las flores engañadas por un sol falsamente radiante se dejan guiar por su luz o los pájaros se apresuran a construir sus nidos. Soy consciente de que se acerca la época del polen, de la luz y el color, de las jovencitas aligeradas en sus vestiduras, mientras yo sigo sólo, deambulando sin rumbo y con pocas expectativas en mi camino. Días como hoy, cuando el pensamiento deja de funcionar, ni siquiera el whisky consigue alterar este hastío. Pero tengo que reponerme, espero visita, un supervillano como ningún otro quiere verme. Semejante privilegio merece mi total atención. Su nombre: el mismísimo Lex Luthor.

Ya está aquí. Oigo murmullo tras la puerta. Unos golpes secos y enérgicos. Abro la puerta. Cruzado de brazos con una sonrisa amable, perfectamente aseado y trajeado me tiende su mano. Le hago pasar. Sus brillantes zapatos crujen sobre el suelo. Pasos lentos. Movimientos pausados. Mirada penetrante.
- Por favor, tome asiento si es tan amable.
Se recosta sobre el sillón, cruza las piernas y sus dedos se encuentran.
- ¿A qué debo el gran placer de tenerle en mi humilde gabinete, señor Luthor?
- Pues verá. No es que me encuentre especialmente mal. Ni tengo problemas en los que me pueda ayudar. En principio. Es más, doctor, me encuentro como nunca. Ilusionado, esperanzado, con energías renovadas.
- Entonces... ¿Usted me dirá?
- El estreno de Superman Returns se aproxima. Como bien sabrá. Pronto, ese fantoche con pijama hortera y su capita revoloteará por mi ciudad, Metrópolis, y, a buen seguro, que me causará problemas de nuevo. Se le ve más joven, y por tanto más dispuesto a fastidiarme. La expectación ante su regreso es tal que, cada día que pasa, la presión de los aficionados, espectadores, seguidores, medios de comunicación, seguro le afectará. Su nuevo rostro es una incógita en cuanto a cómo será acogida, mientas que yo me considero un privilegiado. En conclusión, doctor, no me extrañaría nada que Superman acudiese a su gabinete en busca de su ayuda. ¿Me comprente?
- Creo que sí. Usted quiere que cuando aparezca, si lo hace, le avise. Pero me comprenderá a mí que tengo que guadar confidencialidad con mis pacientes.
- No exactamente. No quiero que me avise. Sólo quiero que le diga que yo ya he pasado por aquí. Y que le espero ansioso. Que esta vez triunfaré. No me volverá a dejar en ridículo. Su retorno será su final. Acabaré de una vez por todas con él. Maldita sea.
Su templanza se ha transformado en una rabia contenida. Sus ojos brillan como si de un cómic se tratase. Sin duda, su ansia de venganza se está alimentando a cada momento.
- Señor Luthor, debería calmarse. No adelantarse a los acontecimientos. Queda poco para que se encuentren y mucha gente está deseando que llegue ese momento. No se ciegue. No pierda su calma. Usted me cae bien. No sé si seré de los pocos a quien su presencia le hace sentir bien. Todo héroe necesita de un contrario, un villano con el que consigue alcanzar un escalón superior. Contra más villano, se consigue que el héroe aumente su poder. Y usted, tengo que confersárselo, me parece el más grande. Sólo con verle aquí y ahora me estimula, en mis fueros internos, una fuerza a punto de erupcionar.
- Gracias, doctor, me gusta que alguien me comprenda. Pero no necesito fans, ni seguidores sino acabar con ese maldito superhéroe de una vez.
- Sea paciente Luthor, pronto tendrá su oportunidad. Espero que la aproveche bien. Nunca se sabe si gozará de una nueva.
- Me marcho. Ha sido un placer. Y no olvide lo que le he dicho. Le deseo suerte doctor, si alguna vez le puedo corresponder, no lo dude. En Metrópolis me encontrará.

Ha recuperado su calma. Todo ha sido una pequeña ebullición de su ira, pero sin perder el control. Ahora me encuentro con una difícil situación. Espero que el hombre de acero no necesite de mis servicios. Pero atisbando el futuro próximo intuyo que paseará su capa por estos cielos.

Tengo que recuperarme. La noche es ligeramente fresca. Tendré que dejarme llevar por mis más bajos instintos.

5 mar. 2006

GRACIAS MAESTRO. A Stanley Kubrick in memoriam (1928-1999)


Hoy sólo puedo recordar que hace siete años nos dejaste. Que seguiré viviendo sin esperar una nueva película tuya, pero que tu huella continuará siendo indeleble en mi memoria para siempre. Hoy no puedo entender el cine sin tenerte en cuenta, sin pasar por alto cada escena, cada imagen que tu maestría supo sellar de referencia obligada.
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No puedo olvidar los contraluces en el ring de Vincent Rapallo, la mirada de Humbert Humbert sobre Lolita, los billetes robados por Johnny Clay volando en el aeropuerto, al coronel Dax mirando a sus hombres en las trincheras, a Espartaco con rabia luchando como gladiador, el doctor William Harford seguido por un hombre en las calles de Nueva York, al general Turgindson mascando chicle en la sala de guerra, la agónica muerte de HAL 9000, a Alex de Large mirándome fijamente junto a sus drugos en el Milk Bar Korova mientras traman algo con que ocupar la noche, a Barry y Lady Lyndon entre las luces de cientos de velas, a Jack Torrance atravesando la puerta con el hacha, Alice confensándole a William una fantasía sexual en paños menores, al sargento Hartman poniendo firmes a sus soldados, a Danny corriendo por el laberinto del hotel Overlook, al siniestro Dr. Strangelove (a quien tanto debo), al fémur girando y volando que se convierte en tranbordador espacial en una elipsis imposible, a Humbert amando a Charlotte mientras mira un retrato de Lolita, a Alex de Large inflingiendo una paliza con un enorme falo blanco, a las tropas avanzando entre el bombardeo, al puñado de soldados que acaban con lágrimas escuchando una vieja canción alemana, a Lolita sometiendo a Humbert y dándole de comer como a un perrito, al monolito y Así habló Zaratustra, al general Ripper con su teoría de los fluidos corporales, la puerta estelar y el viaje a la cuarta dimensión, la leche plus: leche con venoceta o con dicromina, la luz y el vestuario de Barry Lyndon, la preparación del golpe en el hipódriomo, William regresando a deshora y descubriendo su máscara en la cama junto a Alice,...
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Por todo, por tus innovaciones técnicas, por tu independencia, por tu dominio de la imagen cinematográfica, por lo que pudo haber sido y no fue (Aryan Papers, Napoleón,...), por ser siempre polémico, por ser un consumado ajedrecista, por adaptar y usar la lente de 50 mm de Zeiss para rodar bajo mínima luz, por utilizar la steadycam para seguir a los personajes, por usar el zoom cuando nadie lo hacía, por la música de todas tus películas, por abordar temas escandolosos, por saberte rodear de los mejores (Dalton Trumbo, Arthur C. Clarke, Vladimir Nabokov, Jim Thompson, Saul Bass, Györgi Ligeti, Milena Canonero, Walter Carlos, Garret Brown); por todo ello,...
GRACIAS MAESTRO

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2 mar. 2006

James Bond (III)



Llevo unos días tirado a la bartola. Con cierta desidia, abandonando incluso la alimentación y la higiene. No tengo fuerzas para levantarme del sofá, cuando lo hago, deambulo sonámbulo, perdido. Una apatía consciente que resulta difícil de romper. La soledad provoca, en ocasiones, este estado de hundimiento abismal, de crisis flagelatoria. Sumido en esta mezcla de nostalgia, depresión y flaqueza psicológica, sólo se me ocurre acudir a Miles Davis, sus acordes me envuelven en una atmósfera imaginaria que provocan cierta salida a mi estado.
Mientras se desarrolla esta batalla interna, el teléfono suena. Una voz conocida me pide auxilio. Cita urgente. En media hora acude al gabinete, de nuevo, James Bond. Está desesperado, hundido y necesita mi ayuda. Pues ahora sí que estoy bien jodido. Cómo coño le puedo ayudar si no tengo fuerzas ni para hablar.

Después de una obligada ducha y un acicalamiento ligero, un whisky me devuelve esa imagen camuflada que debo mantener ante mis pacientes, si quiero ayudarles de verdad. Llaman a la puerta, ya está aquí.

–Buenas doctor.
–Adelante señor Bond.
Su aspecto es francamente pésimo. Sus ojos húmedos, su piel rojiza y su desaliñada vestimenta delatan a un agente secreto con verdaderos problemas. Veremos qué me cuenta.
–Verá doctor, cuando estuve aquí la última vez, usted me ayudó bastante. Me impulsé al rodaje con buen talante, esperanzado y con ganas de hacerlo bien. Pero todo son trabas, dificultades y zancadillas para que mi nueva aparición la pantalla, sea un fracaso garantizado.
–¿En qué consisten esas zancadillas?
–De momento, la mujer que han elegido no me gusta. La actriz se llama Eva Green, y no me gusta un pelo. Como bien me comentó usted, se barajaron nombres que me estimulaban pero la elección de los productores, es desacertada del todo. No sé si buscan cambiar radicalmente la línea que llevaba la saga o hundirla definitivamente del todo.
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–Bueno, esta chica no es muy conocida, la ví en pelotas en The Dreamers, pero no consiguió arrancarme una erección. Tiene un aire sexy que, supongo, es lo que buscan, pero ciertamente no una belleza comparable a muchas de sus anteriores parteneurs.
–Eso es lo que yo digo. Además, no tiene nombre, lo que ayuda a que Casino Royale no tenga el cartel que debería tener. Y, para colmo de males, muchos seguidores míos están tramando un boicot contra la película. Intentan hundir la película porque esgrimen que mi nueva cara no les gusta, que no tengo aspecto del agente 007 y muchas otros argumentos, encaminados a fastidiar al máximo mi vigésimoprimera película. Amenazan incluso con alentar a los espectadores a no acudir a ver la película cuando se estrene. Aunque, como todo siga así, el estreno peligra.
–No debe preocuparse porque unos cuantos desalmados estén en contra, siempre los ha habido y lo único que consiguen es mitificarle aún más.
–Pero no puedo evitar que me afecte. Todo se está poniendo en contra de mí. Para colmo de males, en pleno rodaje en Praga, en la primera escena de acción, me parten dos dientes. Hasta los especialistas están en mi contra. Además me he quemado tomando el sol. Estoy hundido doctor. Esto es el fin.
Su voz denota una desesperación aguda. Este es un caso grave que requiere un tratamiento de choque.
–Vamos a ver señor Bond. Lo único que le puede salvar es ser fiel a sí mismo. No se deje intimidar, engañar, distraer por nada. Concéntrese en el rodaje, que ahora es lo más importante. Recupere esa flema británica que le caracteriza, agarre con fuerza cada diálogo y demuestre quién es el verdadero agente 007. Olvídese de todo lo que rodea a su persona. Que la chica no es mona, pues usted como si lo fuera. Impóngase señor Bond. Que los especialistas le golpean fuerte, usted se la devuelve. No hable con los productores, que muchas veces provocan desconcentración y usted a lo suyo. Tómese el rodaje como una nueva misión que debe resolver con astucia, talento y la desenvoltura que siempre ha poseído. Y si aún así, no consigue mejorar. Vaya a ver a Sean Connery. Él le dará el apoyo que necesita. Seguro que su experiencia le será de gran ayuda. Ánimo señor Bond. Estoy deseando ver su película.
–Gracias doctor. Es usted un auténtico salvador. Sus palabras son las únicas que me alientan a continuar. Se lo agradeceré como merece.
–No se preocupe. No me gustan los halagos, me hacen sentir que no tengo los pies sobre el suelo. Sólo hago mi trabajo. Personajes como usted son los que sustentan mi cinefilia y me hacen creer que existo. Mucha suerte.

007 sale orgulloso por la puerta. No sé de dónde cojones he sacado la fuerza para animarle. Supongo que cuando te crees del todo hundido siempre hay alguien que lo está más. Esta noche me voy a correr una juerga, para levantar el ánimo y todo lo que se pueda levantar.