31 jul. 2006

Let's go to Hollywood

He aceptado la oferta de mi buen amigo White Chocolate. Al final me he decidido ante la desidia de una ciudad que entra en estado vegetativo en pleno agosto y la acuciante falta de pacientes que atender en mi gabinete. El diván tiene polvo acumulado y aún tendrá que amontonarse más. Lolita ha desaparecido buscando el calor de la costa y sus ardientes noches. Hace bien.

Por mi parte, poco tengo que hacer aquí sino arrumbarme en el sofá visionando películas entre botellas de whisky, tocamientos impuros, pensamientos ficticios y la más absoluta dejadez y abandono. Creo que la oferta de marcharme a Hollywood es lo mejor que puedo hacer. Mi decisión está tomada. De nuevo regresaré a la californiana urbe de Los Ángeles, lugar que me hace llenarme de recuerdos, muchos casi borrados y pocos inolvidables. Hace muchos años de mi estancia allí y ahora White Chocolate me brinda una nueva oportunidad. Me servirá para desaparecer unos días del hastío y sumergirme en nuevas vivencias, que seguro no me defraudarán de su mano. Tendré que costearme la estancia haciendo de su colaborador. Colándonos en fiestas prohibidas, aguardando en el interior de un coche a las estrellas en las puertas de sus guaridas, buscando soplos en sucios hoteles, contrastando rumores con chóferes... todo para lograr información de primera mano, para venderla a la correosa prensa amarilla, ávida de escándalos en pleno verano. Me vendrá bien un poco de alocada aventura, además aprovecharé para un poco de promoción del gabinete entre futuros pacientes, que falta hace.

También espero tener tiempo de subir a la colina de Hollywoodland y ver como el sol cae al fondo, dejando que el ombligo del cine se ilumine de neón sobre su piel de asfalto y cartón.

Es momento de hacer maletas. Y cerrar la persiana del gabinete por unos días. Hollywood me espera. Regresaré con fuerzas renovadas.

28 jul. 2006

Manostijeras a 10.000 dólares

Después de mucho tiempo sin tener noticias de mi particular corresponsal en la meca del cine, White Chocolate me ha telefoneado. Está vivo y coleando. Difícil se me antoja acabar con tan mal bicho. Desaparece pero siempre acaba resucitando de sus cenizas. Me informa de noticias calentitas. Llevan allí algunos días convulsionados con el anuncio de una subasta al más puro estilo de Hollywood. Una casa de subastas (Profiles in History), del exquisito Beverly Hills, pone hoy más 650 objetos relacionados con el cine y sus estrellas a disposición de ávidos (y ricos) pujadores. Especial interés han cobrado los guantes que usó Johnny Depp en "Edward Scissorhands" (Eduardo Manostijeras de Tim Burton, 1990), que esperan se puedan vender entre 7.000 y 10.000 dólares.
También saldrán a subasta otros objetos interesantes como la cartilla del sindicato de actores de Marlon Brando (entre 2.000 y 3.000 dólares) o el sombrero oficial de la marina que usó Humphrey Bogart en "El motín del Caine" (entre 1.000 y 1.500 dólares). Para los más adinerados saldrán: el traje de Batman que vistió Michael Keaton en 1989 (hasta 60.ooo dólares), el traje de James Belushi en "The Blues Brothers" (35.000 dólares) o el traje de cowboy de John Wayne en "Río Bravo" (12.000 dólares).
Desde luego que estas prendas tan fetichistas harán las delicias de curtidos coleccionistas dispuestos a desembolsar lo que haga falta para cumplir sus deseos.

White Chocolate
, además, me ha hecho una suculenta oferta que me va a ser difícil rechazar.

Pronto tomaré una decisión.

26 jul. 2006

Kevin Spacey, esplendor a los 47

Pocos actores actuales poseen el gancho, la personalidad, el carácter y el reconocimiento del genial Kevin Spacey. Hoy cumple cuarenta y siete años, encontrándose en un elevado esplendor profesional y personal. No en vano, ha sido nombrado director artístico del prestigioso teatro Old Vic de Londres, en donde dirigirá una nueva compañía artística de la que, además, formará parte del elenco de actores.

Spacey es un actor curtido en los escenarios teatrales, con una sólida formación interpretativa que irrumpió en el séptimo arte de puntillas hasta que su calidad como actor estalló para el público en general, convirtiéndose en una estrella indispensable. Su sonrisa cautivadora, su mirada sincera le confieren un atractivo enorme, así como su capacidad de atrapar al espectador a través de la cámara. Su filmografía contiene títulos destacables, pero particularmente me quedo con tres películas con las que logró, no sólo interpretaciones memorables, sino personajes llenos de personalidad y fuerza que quedan marcados a fuego en mi personal memoria fílmica.

The Usual Suspects (Sospechosos habituales, 1995). Bordó el papel protagonista como Roger 'Verbal' Kint, un sospechoso de una oscura trama, con un guión sublime que logró convencer a medio mundo de su inocencia, con giro sorprendente al final. Absolutamente genial e indispensable.

Se7en (Seven, 1995). En el papel de John Doe, uno de los villanos más espléndidos y mejor construidos psicológicamente. Con pocos minutos de aparición consigue cautivar la atención y logra darle a la narración la intensidad que la trama necesita. Soberbio. Pecado perdérselo.


American Beauty (1999). Lester Burnham es uno de esos personajes perfectamente construido, nunca un actor podría haber encajado mejor en este papel. Perdedor, antihéroe, y cínico que encuentra en la transgresión su vía de escape en un mundo artificial que le tenía atrapado. Una interpretación magistral.


Actorazo impresionante al que rindo una profunda (y obvia) admiración y del que siempre espero lo mejor. Muchas felicidades Mr. Spacey. Siga usted así.

23 jul. 2006

Raymond Chandler

El 23 de julio de 1888, Chicago vio nacer al que sería uno de los más grandes escritores norteamericanos del siglo XX. Aunque obviamente Raymond Chandler queda vinculado con letras mayúsculas a la literatura, su vinculación con el cine de su época fue especialmente destacable. Su talento como escritor no pasó desapercibido para grandes cineastas como Billy Wilder en Double Indemnity (1944), para el que adaptó la novela de James M. Cain y considerada como una absoluta obra maestra. Así como para Alfred Hitchcock, adaptando la novela Stranges on a train (en 1951) de Patricia Highsmith. Otros destacables títulos como guionista acreditado fueron: And Now Tomorrow (1944), The Unseen (1945) y Blue Dahlia (1946).

A pesar de su corta obra novelística (apenas siete novelas) y algunos relatos, la creación de Phillip Marlowe, el detective más famoso de la época (con el permiso de Sam Spade de Dashiell Hammett), antihéroe cínico y realista fue lo que más atrajo a Hollywood. Se adaptaron algunas de sus más famosas obras poniéndole rostro y voz a su inmortal Marlowe. Se pueden destacar:

Time To Kill (1942)
Adaptación de su novela The High Window (1942).
Murder, My Sweet (1945)
Adaptación de su novela Farewell, My Lovely (1940).
The Falcon Takes Over (1946)
Otra adaptación de su novela Farewell, My Lovely (1940)


Lady in the Lake (1946)
Adaptación de su novela del mismo título (1943)

The Big Sleep (1946)
Adaptación de su primera y más conocida obra con el mismo título (1939)


Todas ambientadas en la California de los años cuarenta, en donde la ciudad de Los Ángeles toma un protagonismo especial. Mostrada como centro neurálgico de un mundo corrompido, brutal donde el bien y el mal tomaban parte con iguales métodos. Aquí es donde el detective Marlowe se mueve solitario entre almas egoístas, corrompidas, sucias y crueles, por unos pocos dólares con los que sobrevivir y metiéndose en situaciones peligrosas que le forjarán como antihéroe duro y cínico.
No me queda más remedio que reconocer mi debilidad e idolatría por este personaje (más que obvia) y por su creador, autor de cabecera para Strangelove y al que tanto le debe. No es para menos:

"-¿Cómo puedes ser tan duro y tan tierno a la vez?
-Si no fuera duro no podría estar vivo. Si no fuera tierno no merecería estarlo" (Playback).

20 jul. 2006

Bruce Lee, más allá del mito

En un apartemento de Hong Kong, hace hoy treinta y tres años, Bruce Lee encontró la muerte de forma misteriosa y extraña. Lo que acrentó su leyenda en todo el mundo. Artista marcial carismático e influyente que creó su propio estilo de lucha con multitud de seguidores (entre ellos James Coburn, Steve McQueen,...), una auténtica sensación en la época, con demostraciones públicas y en televisión que pronto le ayudaron a saltar al estrellato. Primero en una serie televisiva exitosa (The Green Hornet), donde daba vida a un chófer japones en 26 episodios que le convirtieron en una cara famosa, llegando a realizar apariciones estelares en otras series de éxito de la cadena ABC como Batman o Ironside en la NBC. Su estilo original y su sorprende físico le otorgaron la oportunidad de trabajar como asistente de películas de acción, en escenas de peleas y luchas cuerpo a cuerpo. Poco después le llegó la oportunidad con un contrato para protagonizar dos películas con la productora Golden Harvest: Karate a muerte en Bangkok, éxito de taquilla sin precedentes en Hong Kong, y después Furia Oriental, consagrándose como una gran figura del cine de artes marciales. Después llegaron El Furor del Dragón, Operación Dragón o Juego con la Muerte. En 1972 interpreta y codirige El Retorno del Dragón (con Chuck Norris), rodando en Roma y alcanzando un taquillazo. Contiene una secuencia de lucha en el Coliseo que forma parte de uno de los mejores momentos en la gran pantalla de Bruce Lee.

Un portento físico acompañado de un bien amueblado cerebro. Nunca abandonó el estudio, graduándose en filosofía, llegando a generar su propias teorías al respecto, creando su propio estilo marcial y convirtiéndose en un consumado maestro en preparación física (de forma casi obsesiva) y en nutrición, que consideraba fundamental. Su carisma como actor lo llevaba en la sangre, gracias a que su padres trabajaron en una compañía de teatro chino que hacía sus giras por todos los EEUU. Con su corta pero intensa filmografía, a pesar de su inesperada muerte, logró convertirse en una leyenda en la época y su mitificación ha continuado hasta hoy.

De pequeño le imité, jugaba a ser Bruce Lee saltando desde la cama mientras soltaba una patada al aire y entonaba su famoso grito de lucha, que quedó grabado en mi mente para siempre. Y es que, a buen seguro, la leyenda del pequeño dragón seguirá perdurando durante generaciones.

18 jul. 2006

Hilary Swank, o cómo Hollywood te transforma

Hilary Swank, contrastada y joven actriz del firmamento hollywoodiense, ha sufrido una notable transformación en su imagen. De aquella casi adolescente en la saga de Karate Kid hasta convertirse en la gran estrella de hoy, obviamente, han pasado algunos años. Pero no sólo han servido para que su imagen cambiase sino también para añadir más glamour. Es increíble como la maquinaria de Hollywood impone cambios físicos de gran calibre, con el único fin de que sus prometedoras estrellas brillen deslumbrantes. Retoques de cirugía, cosmética de vanguardia, asesores de imagen,... todo aquello que se pueda servir para lograr una belleza al estilo Hollywood.


En Hilary el cambio es patente, a punto de cumplir treinta y dos años, aparenta ser todavía más joven, con el rostro tan cambiado que casi no se le distingue. Las últimas imágenes suyas, incluída la portada del último número de Vanity Fair, así lo muestran. Para colmo firma un contrato con la firma Guerlain donde terminan de retocar (gráficamente) su imagen para transformarla en una belleza cualquiera. Perdiendo totalmente los rasgos de su personal rostro, que ya es atractivo, para ser un prototipo de hermosura publicitaria.


Como Hilary, otras actrices (y actores) pasan por ese proceso de transformación, que no siempre consigue mejorar, sino más bien borrar de un plumazo aquello por lo que llegó hasta allí. Incongruente pero crudo y real. Yo siempre me quedaré con la belleza natural y aquellas que, contra la imposición del "mercado", mantienen su imagen invariable, dejando que el tiempo sea el único que imponga su criterio.

16 jul. 2006

Terciopelo Azul

Mientras caminaba tambaleante noté como pisé algo que me hizo doblarme el tobillo. Después de recuperar el equilibrio a duras penas, me agaché. Allí estaba un dedo mutilado sin su mano. Un apéndice cercenado, cubierto de abandono y soledad. Lo cogí y lo observé. Era un dedo índice. Estaba templado. Con un corte limpio, sin sangre en la base, una especie de tatuaje a modo de anillo que lo rodeaba y con la uña bien recortada. Bueno, ahora algo aplastada debido a mi torpe pisotón. De repente, una extraña sensación me invadió. No podía soltarlo. ¿Qué hago? Lo tiro como si fuese una lata de cerveza vacía. Claro y me marcho tranquilo sabiendo que su propietario vendría a buscarlo. Y no lo encuentra por mi culpa. No. Mejor me lo guardo en el bolsillo. Algo me unía a ese pedazo de carne humana sin saber muy el qué. Sin más ,seguí mi deambular noctámbulo.

Retiré las tupidas cortinas de la entrada y enseguida me invadió ese olor a humo y alcohol de un buen garito. Oscuro pero suficiente para distinguir la barra, unas cuantas mesas y un diminuto escenario. Todo decorado por alguien que murirera en los años cincuenta. Un sabor algo rancio pero de cierto buen gusto. Una suave melodía, a ritmo de jazz, sonaba por los altavoces. Tras avituallarme con un copazo de whisky de malta de 15 años, decidí tomar asiento en una de las sillas con su mesa que había dispuestas junto al escenario. Había movimiento, todo indicaba que pronto comenzaría una actuación. La música seguía sonando de fondo. Parecía Astrud Gilberto, por el suave acento brasileño de la voz. Varias parejas terminaron de ocupar el resto de mesas y sillas libres. La música se detuvo. Las luces disminuyeron. El dedo en el bolsillo seguía callado.

Como una aparición celestial, una joven de bella cabellera rubia teñida y amplios labios surgió de la nada con micrófono en mano. Varios focos azules le enfocaron el rostro y pude percibir sus atractivo rostro. Ojos negros rasgados y acentuados por el negro rimel. Labios mullidos y de un rojo bermellón. Vestido aterciopelado de intenso azul lapislázuli largo hasta los pies. Tres músicos la acompañaban. Piano, bajo y percusión. Sin dilación comenzó a dejar que su melódica voz invadiera el espacio. Dulce y generosa voz que sonaba a gloria. Me quedé envelesado. Tragué un buen sorbo de whisky y comprobé que en el bolsillo seguía mi amigo. El dedo.

Tras la actuación acudí al camerino en busca de la bella cantante. Sólo con intención de felicitarla. A lo mejor era ya una estrella pero para mí fue un descubrimiento y quería manifestarle mi más sincera admiración. Toqué tímidamente con los nudillos sobre la puerta y una voz al fondo me permitió el paso. Allí estaba ella. Desprendiéndose de los pendientes. Sin girarse siquiera me miró a través del espejo. Me saludó amable. Le devolví la sonrisa. Mis palabras torpes y timoratas se trababan. Mi pequeño discurso complaciente sonaba a idiota-vete-a-tomar-por-culo. Ella se levantó y comprobé como casi me alzaba un palmo. La miré desde abajo, ebrio, con un dedo de otro en el bolsillo. Empezó a contarme no se qué sobre su contrato en el local. Pasó detrás de un biombo de inspiración oriental y mientras se desprendía del vestido seguía dándome detalles de su vida profesional. No podía escucharla con atención. Me desmallé. No sé si provocado por el whisky o por una extraña sensación de vértigo hipnotizante que hacía perder la conciencia lentamente. Tuve que cerrar los ojos durante algunos segundos. Cuando los abrí, estaba empapado. Me había tirado agua o algo así y me encontraba tumbado boca arriba. Ella estaba nerviosa. No dejaba de caminar en redondo con la mano en la frente. Me palpé el bolsillo y ya no estaba. Ella lo había colocado en su tocador. Le estaba hablando. Me miraba con ojos desorbitados. Encendió un cigarrillo y me preguntó como llegó ese dedo a mi bolsillo. No lo sé. Me lo encontré. Cerré los ojos. Todo daba vueltas.

Volví a despertar del leve letargo. Ahora un viejo fornido le gritaba a la chica. Le golpeó varias veces. Señalando el jodido dedo se dirgió a mí. No podía entenderle. Mis oidos estaban como taponados. Mi vista nublada y mis piernas no respondían. Me agarró del cuello y empezó a zarandearme. Me apretaba fuerte y yo ni intentaba zafarme. Sus ojos se salían de las órbitas. Me soltó. Me giré y vomité.

La luz se hizo por fin. Estaba con medio cuerpo fuera de mi cama, mientras la bilis me recorría a paso de caballería toda la tráquea hasta dar con su espesura en el suelo. Un timbre sonó. No me era familiar pero pegué un respingo y de un salto fui en busca del teléfono. En el camino, en plena carrera tambaleante, me encontré con el canto de la puerta sobre mi ceja derecha. Un golpe seco, duro, me arrodillé aturdido y noté como una sustancia espesa me recorría el rostro. Fui al espejo. Allí estaba yo, con una resaca del carajo y una ceja abierta en canal de la que brotaba sangre. Me miré y tuve que sonreir. Solté una carcajada sostenida. Maldito sueño. Me palpé el bolsillo. Allí no estaba el jodido dedo. Seguí sonriendo y, no sé muy bien porqué, me acordé de Lynch y su pedazo de Terciopelo Azul.

13 jul. 2006

Harrison Ford: la estrella a los 64

De aquel joven Bob Falfa en American Graffiti (1973) a la previsible cuarta entrega del intrépido Indiana Jones (2008?), Harrison Ford nos ha dejado papeles inolvidables que lo han convertido en la superestrella que es. Hoy cumple sesenta y cuatro años, y aunque el tiempo no perdona, lleva una trayectoria inolvidable, con una filmografía sobresaliente y con interesantes proyectos en cartera que no auguran pronta jubilación. Consiguió buenos papeles, obtuvo el favor del público, logrando películas taquilleras y ha trabajado con grandes realizadores. Todo ello ha hecho de Mr. Ford algo más que un gran actor. Además consagrado como buen intérprete gracias a personajes memorables en Único Testigo (Witness, 1985) y en El Fugitivo (The Fugitive, 1993).

Pero para convertirse en mito, alcanzar ese rango, ha necesitado dar vida a personajes míticos dentro de la historia del cine. Considero que Harrison Ford ha logrado ser lo que es, y tiene mi deferencia y admiración, gracias a tres papeles que me parecen imprescindibles:

Rick Deckard en Blade Runner.


Han Solo en Star Wars.


Indiana Jones en Raiders of the Lost Ark.

Tres papeles inolvidables, en películas no menos archipopulares, objeto de veneración por una legión de seguidores y admiradores, entre los que me encuentro. Perseguir replicantes, pilotar el Halcón Milenario o buscar tesoros perdidos siempre fueron tres de mis ocupaciones soñadas. Obviamente ahora me conformo con verlo en la pantalla una y otra vez, tal vez aprendiendo, pero nunca descarto conseguirlo.

11 jul. 2006

Lawrence de Arabia

Cuando el calor veraniego aprieta de esta forma tan asfixiante, sólo queda sumergirse en hielo, hibernar sobre capas heladas de agua y congelar el cerebro para hacer frente al intenso fuego que nos abrasa la piel. Otra opción es inmovilizarse ante una buena pantalla y con el mínimo esfuerzo posible, para no provocar una incipiente lipotimia, apretar dos botones. Uno: el aire acondicionado al máximo (bueno casi, para no contaminar mucho). Dos: play en el reproductor de dvd. Y contra el calor nada mejor que el desierto mientras uno siente el aire helado en la frente. Lawrence de Arabia es una opción plausible aunque parezca lo contrario. Su extenso metraje nos puede hacer olvidar el plomo que llueve fuera, sobre el asfalto urbano. Y, además, nos podemos recrear en secuencias inolvidables de la mano del impresionante Peter O'Toole.

8 jul. 2006

Gracias Lucinda

Hola. Soy Lolita. La secretaria del señor..., bueno del doctor Strangelove. Primero disculparme por la intromisión. Pero tengo un buen motivo. Hoy estrenamos cabecera (e imagen del perfil) en el gabinete. Una cabecera magnífica que él tenía ganas de tener, con un estilo más actual e ilustrado por Lucinda (del blog La Espiral Roja), una joven dibujante que se ha prestado altruísticamente a ello. El doctor no sabía como agradecerle el detalle y ante su duda me he permitido el lujo de hacerlo yo por él. Me ha hablado de su talento y calidad en la ilustración y ha quedado encantado. Una joven promesa a la que le augura un futuro prometedor y estimulante. La verdad es que dibuja e ilustra muy bien según he podido comprobar yo misma, además de escribir más que estupendamente. Así que animo a todos a pasar por allí y disfrutar. Y, por supuesto, a ti, Lucinda, darte las gracias de parte del doctor. El gabinete es ahora más cool.

6 jul. 2006

Sofia Loren, belleza a la italiana

Superar el umbral de los setenta años y mantenerse impresionante sólo está al alcance de las más bellas. Bueno y de algunas que se han ayudado del bisturí. Pero, en concreto, Sofía Loren es una de esas mujeres cautivadoras y que captan la mirada allá por donde pasan. Desde joven alcanzó el estrellato con esas cualidades que atesora y matiene intactas, se convirtió en la estrella más grande del cine italiano y logró ser una brillante actriz, respetada y admirada en todo el mundo. ¿Alguien dijo que las guapas no saben actuar? Ella consiguió un merecido Oscar de Hollywood, además de otros numerosos premios. El espaldarazo para pasar a la categoría de mito. A pesar de su edad, reconozco que me gustaría darme un revolcón con semejante mujeraza, aún a pesar de parecer un degenerado extremo por gustarme una septuagenaria hembra y tener pensamientos obscenos. La Loren bien lo merece.

A sus setenta y un años acaba de firmar un contrato para aparecer, en pleno esplendor (vestida por Armani) en el famoso calendario Pirelli del próximo año 2007. Parece que los señores de Pirelli quieren dar un giro creativo, hasta ahora siempre repleto de jóvenes modelos, actrices, todas bellas (y escuálidas salvo mínimas excepciones) mujeres, prototipos de la época actual.
Se me viene a la cabeza (no sé el porqué) con quien completaría ese almanaque de neumáticos. Le daría un toque a la italiana con Maria Gracia Cuccinota...
...y con Monica Bellucci...

Espero que los señores de Pirelli lo tengan en cuenta y nos dejen disfrutar de semejantes curvas, se dejen de huesudas y podamos soñar que nos agarramos sin miedo a resbalarnos. Sobre todo a los sobones como yo.

5 jul. 2006

Jean Cocteau, el poeta del cine

Un día como hoy, pero del año 1889, nació Jean Cocteau en Maisons-Laffitte (Francia) y desde joven se convirtió en poeta. Un poeta en pleno sentido del término, todo lo que abordó lo hizo con la métrica adecuada, la pasión justa y la evocación necesaria.

Poeta, pero también novelista, dramaturgo, pintor, diseñador y cineasta. Bueno, sin obviar que ejerció de bisexual, drogadicto, enfermizo y surrealista. En líneas generales un artista completo que sólo quiso mostrar sus obsesiones, sus sueños, sus sensaciones y que lo convirtió -en lo referente al cine- con imágenes inolvidables. Influenciado y ayudado por coetáneos con los que se relacionó como Modigliani (que le hizo un retrato espléndido), Picasso, Apollinaire, Stravinski, Buñuel, Breton...

Entre impulsos alucinógenos provocados por la intoxicación con opio a lo largo de su vida, dio frutos como "La sangre de un poeta" (1930), "La Bella y las Bestia" (1945) y "Orfeo" (1949), entre otras, pero todas películas impactantes desde el primer fotograma.

Corta pero intensa filmografía, llena de símbolos, poesía y vanguardismo, que hace obligada su revisión, si se desea conocer a uno de los talentos más importantes del cine francés y, por ende, del cine universal.

1 jul. 2006

Las reinas del desierto


Los garitos de ambiente suelen tener un clima especial. Obviamente. Pero además son marchosos y, por lo general, en ellos es fácil encontrar diversión. Incluso si a uno no le va el asunto. Anoche descubrí El Silencio, muy de moda entre la comunidad de gays, lesbianas y algún despistado sin definir. El motivo de tan peculiar incursión fue un camarero caribeño. Bisexual para más señas, que me servía copas en otro garito que frecuento y me lo recomendó. No es que me hiciese gracia tal sugerencia, y menos sabiendo mi consagrada heterosexualidad fundamentalista, pero además me invitaba a cuantas copas quisiese si acudía a visitarle. Y uno, que no es pudoroso, ni intolerante se presentó allí en busca de buen whisky.
El local, bien decorado y limpio, consta de dos plantas, la de abajo con la barra y una zona acotada destinada al baile con sus focos multilcolor. La de arriba, algo más oscura y tranquila, invitaba a recostarse en sus cómodos sillones. Me acodé en la barra a observar, mientras jugueteaba con los cubitos de hielo.
Cual fue mi sorpresa cuando entre las féminas que dominaban la pista de baile, descubro a Lolita. Si. Mi particular secretaria, que últimamente tenía poco trabajo en mi gabinete y se tomaba días libres consentidos. Lolita se lo estaba pasando en grande con una amiga. Parecían muy íntimas. Ambas bailaban desenfrenadamente, contorneándose y sin separarse más de lo preciso. Captaban miradas. Muchas curiosas, algunas envidiosas y una, en concreto, excitada: la mía. Se metían mano con tanta sensualidad y tan explícitamente que aquella escena me estaba poniendo de un cachondo impresionante. Y más teniendo en cuenta que recordaba a aquella jovenzuela cabalgado sobre mi sofá.
Siempre tuve fantasías homosexuales no consumadas. En concreto, fantasías con dos lesbianas que me hacían un hueco entre sus cuerpos y me dejaban formar parte del emparedado. Ella me vió. Sonrió y acentuó su danza sexual sobre su amiga. Pasaron a mayores. Se apartaron hacia un rincón de la barra próximo, donde pude observar con mayor detalle. Consciente de que me estaba provocando un calentón de mil demonios, Lolita comenzó a mesarle el cabello, a rozar con sus labios la oreja y dejar que la lengua hiciese el resto. Besar, lamer y fagocitar sibilinamente a su pareja. Sin dejar de mirarme. Sin dejar de mirarla. Mi amigo el camarero me llenó la copa y me hizo un guiño.
Aquello fue a más y tuve que romper la situación o iba a acabar arrancádoles el vestido y montando un número. Fui al baño a refrescarme y a mi regreso ya no estaban. Algo de alivio sentí. El caribeño, con cara de satisfacción, me puso algunas copas más.
A mi regreso, tras esquivar sigilosamente la mirilla de la puerta de mi casera (siempre está con el ojo pegado), abro la puerta del gabinete y... ¡sorpresa!
Me encuentro con un grupo de personajes de lo más hetereogéneo: Bernadette Bassenger (Terence Stamp en The Adventures of Priscilla, Queen of the Desert), Jack Twist (Jake Gyllenhaal en Brokeback Mountain), Johnny (Daniel Day-Lewis en
My Beautiful Laundrette), Brandon Teena (Hilary Swank en Boys Don't Cry) y Betty Elms (Naomi Watts en Mulholland Drive). Mi cara perpleja se quedó congelada unos minutos hasta que pude reaccionar. No me lo esperaba. ¿De qué se trata, de una fiesta sorpresa o algo así? Fuese lo que fuese algo tenían en común y estaban compinchados.



Bernadette tomó la palabra:
-Verá doctor. En primer lugar disculpenos por esta intromisión en toda regla. Nos invitó a entrar una conocida suya, Lolita dijo que se llamaba, y se nos presentó como su secretaria. Tan sólo queríamos hacerle una proposición...
-Les aclaro que yo soy una reina del desierto, que soy hetero y practicante.
-...no se preocupe que no va por ahí el asunto, aunque yo me daba un revolcón con usted en el diván -Johnny sonrió y Jack le imitó-. Se trata de que queremos reivindicar nuestro lugar, nuestras diferencias y que sean siempre respetadas y toleradas. Este año, gracias a Jack y su película, los homosexuales han tomado partida importante en el cine y queremos que esto siga siendo así. Y siempre con ese respeto y normalidad que merecemos...
Bernadette se estaba poniendo muy seria, aunque resulta difícil comprenderla con sus rasgos tan masculinamente marcados y ataviado como una verdadera drag queen. Pero la escucho con atención:
-...sabemos que por aquí pasa lo más granado del cine actual y por eso le hemos elegido como nuestro abanderado. Para que haga cundir el ejemplo y lo difunda entre sus pacientes. A usted le escucharán y tendrán en cuenta su opinión, dada su posición como psiquiatra.
-Bueno eso no lo tienen que dudar un momento. Han dado con la persona idónea. Aunque no cumplo con un detalle importante.
-¿Cuál?
-Que no soy homosexual. Pero quizás este aspecto tenga más mérito. Eso está hecho. Cuenten conmigo. En estos días vosotros sois los verdaderos protagonistas. ¿Nos ponemos unas copas y lo celebramos?
Johnny sirvió el whisky y pronto Brandon puso música para sacar a bailar a Betty. Jack hizo un gesto de brindis y después todos mojamos los gaznates. Esta madrugada mi casera tendrá que ponerse tapones en los oidos. El amanecer se prevee multicolor, como el cromatismo del arco iris.