19 sept. 2006

Diane Arbus


Septiembre me está causando mella. Un descenso irremediable en picado al fondo de mi psique. Un estado de autoabandono consciente. Por el gabinete parece que hubiese pasado el séptimo de caballería. Apenas se puede dar un paso sin tropezar con algo, el suelo repleto de ropa sucia, papeles, libros abandonados, botellas de whisky rotas. La única luz que existe es la que entra por la ventana y, a ciertas horas, es tan insuficiente como necesaria para perder de vista el caos donde estoy hundido.
Tras pasar la noche somnoliento dentro de la bañera vacía, me levanto y tiro de fuerzas inexistentes para mirarme al espejo. Un haz luz matinal ilumina mi cuerpo y me veo reflejado tal cual uno no quiere verse. Un adefesio horrible, con la mirada hundida entre ojeras marchitas, barba desaliñada y los labios resquebrajados. Varios días sin ingerir nada sólido. Ese es el problema, me dije. Me puse algo y me tiré a la calle. Algunos víveres y un buen trago me levantaran el ánimo.
Me pasé por la tienda de desavíos. Allí estaba "Lili", la perrita caniche que un día ayudé. Desde entonces la tendera, su dueña, me trata con más condescendencia. Me deja fiado en muchas ocasiones, incluso me condona la deuda. Quizás, le doy pena en el fondo. Cuando entré, se echó las manos a la cabeza:
–¡Hombre, por Dios! Pero, ¿qué le ocurre? ¡qué mala cara! Seguro que lleva sin comer bien mucho tiempo. Ande, que le preparo algo para que le reponga.
Empezó a llenar una bolsa con pan, fruta, verdura e incluso un par de cervezas. Me guiñó el ojo.
Yo, no tuve fuerzas para agradecerselo. Era mi salvación, era como mi madre en un momento crítico. Mientras, la perrita se me acercó. Me husmeaba entre las piernas. La acaricié.
–Oiga, Streinosequé, o como se llame, debería cuidarse un poco. Tiene usted un mal aspecto, como pocas veces le he visto. Coma algo y deje el whisky unos días. Le vendrá bien. Si quiere, pásese mañana que le daré un poco de caldo que voy a hacer. Eso resucita a un muerto. Y usted lo necesita.
–Gracias.
Fue como escuchar lo que no quieres oir. Como una bofetada bien merecida. Duele pero te aguantas. Como un muerto. Así me define y así debo parecer. Una inyección de sinceridad, una mirada de positivismo, una bolsa repleta de frescos alimentos y un par de cervezas. Media vida.
Rebusqué en el bolsillo.
–Anda, deje. Ya me lo pagará mañana cuando venga a por el caldo. No se olvide.
–Gracias.

Después de la ingesta de alimentos, el cuerpo empezó a despertarse. Me sentía algo mejor. Cansado, lleno, repleto pero el riego empezó a fluir en el cerebro. Bueno también mis intestinos retomaron su actividad. Una evacuación abundante me ayudó a relajarme completamente. Me quedé dormido.

Al caer la tarde, cuando la oscuridad se disolvía sonó el timbre. Alguien llamaba discretamente. Abrí. No me lo podía creer. Una paciente.
–Hola, doctor: soy Diane Arbus. Venía a verle.
Entonaba con voz débil una mujer guapa, pálida pero de rasgos finos y bonitos ojos.
–Adelante, por favor.
Pateé todo lo que nos estorbaba, apartando basura lo más que pude. La acompañé hasta el diván. Diane llevaba un vestido que la estilizaba. Es alta, delgada y de movimientos pausados. Tenía asida una vieja cámara de fotos. La invité a sentarse. Se tumbó lentamente. Apoyó la cámara en su vientre. En la penumbra parecía aún más relajada.
Busqué un mechero para encender unas velas.
–Bueno, dígame: ¿Qué le trae por aquí?
–Verá doctor, pronto se estrenará una película sobre mí. Un retrato imaginario, más bien. Como aclara el subtítulo ("Fur: a imaginary portrait of Diane Arbus"). Me encuentro en un envolvente estado de fascinación, de intriga por un extraño. Un vecino misterioso que me atrae y con el que me siento tremendamente fascinada.
Hizo una pausa mientras se mesaba el cabello. Cerró los ojos.
–Continúe.
–Me preocupa que se vea la película como una biografía pura y dura. Como un retrato temporal de mi vida. Cuando en realidad sólo quiero mostrar mi fantástica relación con mi nuevo vecino.
–Supongo que su fama le prevalece. Usted es una fotógrafa de prestigio. Conoce la fama y su obra es muy respetada. El espectador, en general, espererá conocer algo más sobre su interesante vida, a través de su conocida obra como documentalista. Y, si no supongo mal, se van a encontrar con un retrato más bien interior en un momento clave de su vida.
–Así es. Y eso me tiene muy agobiada. Porque sólo quiero conocer a mi extraño vecino. Es lo único que me impulsa a seguir luchando.
Su tono de voz, apenas audible, es como una concatenación de silbidos, palabras siseantes que fluyen entre sus labios, con la mirada perdida y una calma asombrosa.
–No debe preocuparse, la publicidad y el márketing ya se encargarán de aclarar qué es lo que realmente se van a encontrar los espectadores. El director es una pista fundamental. De él no se puede esperar el típico biopic y, créame, seguro que conseguirá atrapar a muchos seguidores suyos. Además de dar a conocer ese aspecto, que tanto le preocupa, de su vida. Estoy seguro que su nombre quedará bien alto.
Una lágrima brotó y se desvaneció en la mejilla. Parece, realmente una mujer atormentada.
–Marche tranquila. Busque a su extraño, descúbralo y háganos pasar un buen rato. Lo demás tiene pronta solución.
Pareció no escucharme. Se quedó allí tumbada, con los ojos cerrados. Escuchando el silencio y dejando que la oscuridad la envolviese. La dejé estar. Dejé una vela encendida y abrí la última cerveza. La esperaré recostado mientras retoma fuerzas para levantarse. Bueno, un poco de compañía nunca viene mal.



9 comentarios:

LOLITA LOP dijo...

yo me iba a ofrecer , al comienzo del relato, ha pasarme por el gabinete y hacerle un poco de compañía ...tal vez un paseo , una cena con velas y un poco de baile ...

veo que finalmente alguien llamó a la puerta ... que acabe bien la cita ...

y arriba ese ánimo Doctorcito

MalditosTacones dijo...

Si yo fuera una directora de cine no se me habrían pasado por alto las posibilidades cinematográficas de cada uno de sus post.

Un beso otoñal, Doctor.

Lluna de foc dijo...

Cuidese Dr.!!!! no puede atender a las visitas con ese aspecto! Ay....

Lucinda dijo...

No se puede usted quejar de lo mucho que le cuidan sus amigas, Doctor, al más puro estilo detective austeriano; supongo que Diane se habrá sentido muy halagada de que usted le atendiera.

Rosenrod dijo...

Si Nicole Kidman logra meterse en este papel, entonces no habrá más remedio que aceptarlo: será una de las grandes.

Un saludo!

pcbcarp dijo...

Es que los mortales no se dan cuenta de que para sacar a la gente del infierno hay que bajar a él. Y mira que nos lo llevan diciendo desde que hay memoria... ¿eh? Pero nada, lo superhéroes seguimos siendo unos excéntricos (y yo hace años que dejé de ponerme los calzoncillos por fuera. El whisky no he encontrado motivos todavía)

thalatta dijo...

con semejante paciente,tienen que subirle los ánimos sin más, ¡venga! y a subir p'arriba, en la próxima quiero verle mejor ¿eh?
¿Dónde anda Lolita para echarle una mano y arreglar un poco esto? venga, doctor...
Besos catarrales (que espero no le peguen el resfriado, porque mira que si encima agarra "esto" que me ha entrao...)

missangria dijo...

Espero dr. que no sucumba a los encantos del whisky, esta metamrfosis lo puede convertir en el protagonista de un relato de Bukowsky.
Suerte llegó la paciente en el momento oportuno...no olvide el caldo!!!
Saludos.

Alvy Singer dijo...

Da miedo porqué admiro a la Arbus y Kidman me parece que le gusta demasiado hacer de artista-suicida.