7 may. 2006

Jesse James

Tenía demasiado claro que la aventura con la hija de mi casera me depararía más sorpresas. No hacía falta ser ningún medium para intuir que, tarde o temprano, un nuevo capítulo me pondría las cosas en su sitio. No se hizo mucho esperar. Mi casera, ese horripilante ser mutante, a quien tengo la obligada rutina mensual de despachar el alquiler de este gabinete, apareció. Esta vez no venía a reclamarme el retraso del pago, sino a hacerme una visita.
Cuando me la encontré tras abrir la puerta, una náusea jugetona hizo de ascensor estropeado en mi machacado estómago. La invité a pasar. No por cortesía sino porque me veía venir un chaparrón que era mejor soportar puertas adentro.
-Tengo que hablar con usted, doctor -me entraron sus palabras como culebras venenosas.
-Dígame señora (esperando impaciente el momento en que sus ojos entraran en cólera). Tragué saliba e intenté esbozar una sonrisa falsa.
-Verá doctor. Veo que el negocio le vá bien. Muchos pacientes suben con frecuencia y parece que son de categoría...
(La dejé proseguir mientras la boca se me secaba hasta el punto de que los labios tan agrietados me iban a desaparecer enterrados)
...y como sabrá tengo una hija joven y dispuesta a la que no le marchan bien los estudios. Y he pensado que como usted anda tan atareado con sus pacientes, no le vendría mal una ayuda. Ella es muy espabilada y seguro que podrá atender el teléfono, anotar las citas y demás tareas que le puedan ser útiles para su consulta, gabinete o lo demonios que sea esto. Por cierto le hace falta un poco de limpieza y orden. Esto es una verdadera pocilga.
-¿Cómo se llama su hija? -le pregunté recuperando algo la palidez que me había invadido.
-Se lama Lola. Bueno, en casa la llamamos Lolita, como aún es tan joven.
(Jamás se me había ocurrido mejor nombre para semejante pueril amazona)
-Ahora, eso sí -continuó, subiendo el torrente de voz dos tonos- quiero formalidad, que le explique bien su trabajo y por supuesto ni por asomo se le ocurra acercarse más allá de un metro. Como yo me entere que le pone una mano encima o simplemente lo piensa le aseguro que no hay doctor ni medicina para curarle de la sarta de palos que le doy. Le meto por el culo hasta la última botella de whisky que se ha bebido. Porque usted es un borracho y un degenerado.
-Verá señora, lo que yo beba sólo le interesa a mi deficiente hígado y lo de degenerado se lo imaginará puesto que jamás habrá visto pasar por aquí a ninguna fulana.
-Yo sé bien lo que digo. Tiene usted pinta de todo eso y más.
-Supongo que no me quedará más remedio que aceptar la proposición.
-Pues no. Aunque seré buena, porque lleva mucho tiempo aquí y le rebajaré el alquiler e incluso pasaré a limpiarle esta pocilga de vez en cuando. No quiero que mi hija coja algo raro con tanta suciedad.
-¿Cuánto le tengo que pagar? Supongo que también lo habrá decidido.
-Eso lo dejo de su mano. Tampoco hace falta que le page mucho, que después se lo gasta por ahí con las amigas. Yo sólo quiero que sea una chica de provecho. Es aún algo inocente y este trabajo le puede ayudar a desenvolverse mejor.
-Claro, claro. Bueno pues si le parece la semana que viene empezamos. Yo suelo dormir hasta cerca del mediodía y por la tarde atiendo el teléfono y las visitas. Qué se pase cuando mejor le venga. Estaré aquí. Bueno, por las noches no. Tengo otros asuntos que resolver.
-Vicioso -escupió-.
-No, es algo de trabajo extra. Tengo que pagarle su alquiler ¿se acuerda?
En fin, me entró el alma en el cuerpo pero parece que el futuro me iba a deparar nuevas sorpresas.

Sin tiempo para reponerme del trago ni para pensar cómo resolvería el entuerto, el timbre suena y un nuevo paciente necesita la ayuda terapéutica de este doctor enrachado: se trata del forajido Jesse James.
-Hola doctor -me saluda como en susurros, con una mirada nerviosa a la par que firme-.
-Adelante, tome asiento señor James. ¿Cuénteme?
-Me siento traicionado. Intuyo que alguien me la va a jugar y no sé como evitarlo. Como sabrá me dedico a limpiar el dinero sucio de los bancos y, por ello, me persiguen constantemente. Lo que me convierte en alguien desconfiado por naturaleza. Tras la vorágine del verano llegará mi momento, cuando el estreno de mi película me lance al peligro de nuevo. Y siento como una punción en mi cabeza, una constante alarma que me tiene con la tensión a flor de piel. No sé si seré capaz de aguantar hasta el mes de septiembre, cuando mi historia invada las pantallas.
Sin duda este proscrito o forajido o pistolero o lo que cojones que sea tiene un aire cautivador. En su mirada se pueden apreciar distintos matices. Quizás opuestos pero sin duda generan interés. También sus movimientos, su suave tono de voz y una presencia imponente que le convierten en un hombre de carácter, sin duda.
-Verá señor James. Le recomiendo que intente relajarse puesto que todavía queda tiempo para que su película tome el protagonismo. Debería buscar un buen sitio donde pueda beber algo y disfrutar plácidamente hasta que llegue el día clave. Lo del sentimiento de traición que le corroe, debe contrastarse con hechos feacientes y claros que lo justifiquen. De lo contrario será fruto de su obligada desconfianza. De verdad, tómese unas vacaciones, disfrute, beba, mujeres, en fin todo aquello que le pueda evadir lo suficiente. Si consigue rodearse de estos elementos ese sentimiento desaparecerá. Lo tengo claro.
-No sé. Sigo creyendo que no conseguiré borrarlo de mi mente. Es algo que aunque no quieras te atrapa y no sale. Pero seguiré su consejo. Con probar no pierdo nada.
-Muy bien señor James. ¡Ale! empine el codo que el alcohol en suficientes dosis despeja la mente.
Jesse James se marcha tras dejarme de regalo una ligera sonrisa que me satisface como el trabajo bien hecho.
Pobrecito, si supiese la que le espera. Qué disfrute mientras pueda.

12 comentarios:

thalatta dijo...

biennnn!!!! seguramente disfrutaré de este Jesse James.
Oiga, doctor, vaya una suerte. ¿Por qué será que el nombre de la vecinita no me ha extrañado nada? espero que todo el asunto termine mejor que el libro (o la película).
Besosss

clairenlaciudad dijo...

Un doctor que receta alcohol, todo un lujo.

fasdgrg dijo...

¿y a mí que Brad Pitt, no me pone?

Lluna de foc dijo...

Tenga cuidado Dr. empieza una nueva aventura para usted, esa Lolita (nombre muy acertado por cierto)lo machacará.....será su perdición!!!!!

Pablo dijo...

Precaución doctor, que las lolitas las carga el diablo, y esa portera tiene una mala pinta...

藤原 弓美 dijo...

Jesse James Pitt... me gusta.

Viola de Lesseps dijo...

Vacaciones y alcohol, un gran consejo, incluso para una dulce dama inglesa, puede que lo siga yo también,la vida en la corte es cada vez más estresante.

Y cuidado con esa Lolita...

Saludos.

Noa dijo...

A mi si me pone Pitt, pero otros me ponen más.

Vaya culebrón doctor, estoy deseando leer más, la de cosas que le pasan a usted. Pero claro, hay que ser un profesional de lo suyo para recibir tantos personajes interesantes, lolitas y caseras con mala leche.

Usted, doctor, crea adicción.

Alvy Singer dijo...

Le regalo mi más honesto escepticismo en cuanto a la aventurilla de Jesse James. La veo un disparo mal apuntado.

Eso si Doctor si tiene que (seguir) con un post así de cada película creo que directamente iré a su consulta y no al cine.

¡Un saludo!

MalditosTacones dijo...

¿Una Lolita en su vida, Doctor? ¿No tenía suficiente con la bebida? Usted es un suicida a largo plazo...

Un beso, Doctor, esta vez, en su pezón derecho...

Ru8iN dijo...

Cuando habláis de Lolita os referís a la hija de Lola Flores no? xDDD

missangria dijo...

Una Lolita trabajando con Vd. menudo peligro doctor....