Toparse con un cadáver no resulta una experiencia agradable en ningún caso. Si además, la muerte se ha producido en circunstancias violentas la sensación no se olvida jamás. Eso me sucedió hace algún tiempo. Tras una noche de las mías, ya con el sol incipiente, con esa luz cálida en la que la noche se rompe, tropecé con un cuerpo yacente. No es que fuese con tal cogorza que no lo viese. Sino que al girar una esquina y justo al descender unos escalones me tropecé con algo que me hizo perder el equilibrio. Mi corazón quiso salir disparado por la boca y tuve que hacer un gran esfuerzo para no perderlo. Del tropiezo casi acabo con los huesos en el suelo junto al fiambre. La sangre empezaba a formar un charco pastoso y oscuro por momentos. Era una mujer, imposible determinar su edad en esas circunstancias, pero había caído violentamente desde las alturas y su cuerpo estaba dispuesto como uno tantas veces ha visto en películas pero que nunca se imagina de verdad.Miré alrededor y no había ni un alma. Sólo los gorriones y las golondrinas sobrevolaban curiosas. No tuve el valor de volver a mirarla. Ya fue suficientemente impactante toparse así, de sopetón, sin quererlo como para ahora hacer un exámen visual en plan CSI. El estómago se me puso al revés y se quedó pegado a mi espalda. Me aparté unos metros y a los minutos empezaron a aparecer los siguientes testigos, para la policía y el forense serían los primeros, puesto que yo me marché. Parece cobarde y ruín, pero aquella visión me aterrorizó sobremanera y no pude conciliar el sueño en varios días. Todo esto me ha venido a la mente con la nueva película de Brian de Palma.
Elizabeth Short, una joven actriz de la década de los años cuarenta, apareció de esta guisa en un descampado. Su cuerpo estaba diseccionado, mutilado y severamente torturado. La Dalia Negra, como se conocía a Elizabeth, por su afición a vestir de negro, fue un caso de crimen sin resolver que convulsionó a la sociedad de Los Ángeles de la época. El departamento de policía se topó un caso difícil, polémico y oscuro que fue muy sonado.
James Ellroy noveló esta trágica historia, dándole el apropiado tinte de género negro que requería. Ahora, Brian de Palma ha filmado su adaptación, firmada por Johh Friedman, para volver al género donde mejor sabe desenvolverse y que tanto éxito le ha reportado.


El reparto es de joven y prometedor: Josh Hartnett, Scarlett Johansson, Hilary Swank, Aaron Eckhart y Mia Kirshner. Tiene todos los ingredientes para convertirse, a priori, en una gran película. No obstante, otra novela de Ellroy, L.A. Confidential, fue magistralmente adaptada y obtuvo un a notable repercusión. Con ésta guarda grandes paralelismos: mujer rubia, dos detectives, traiciones, seducción, corrupción policial, además de la época y el enclave (Los Ángeles, años cuarenta y cincuenta). Los dos detectives, "Bucky" Bleichert y "Lee" Blanchard, ex boxeadores con cierta rivalidad, se encargan de la investigación del caso y pronto, uno de ellos (Bucky, el papel de Josh Harnett) descubre que su novia Kay Lake (Scarlett Johansson), a la que es infiel con una amante (Madeleine Sprague por Hilary Swank), podría tener relación con la muerte de Elizabeth Short (Mia Kirshner), a la vez que se destapa una conspiración dentro del departamento de policía. Con este argumento, que mezcla los hechos reales novelados por Ellroy y elementos de pura ficción, se nos presenta esta nueva película del maestro De Palma.
Ojalá toparse con un cadáver siempre sea una ficción. Es una experiencia real poco recomendable.







































