10 de ene. de 2009

¡Qué paren las máquinas!


Cuando uno parece vivir en la espiral de la monotonía se suele buscar auxilio en cualquier vía de escape. Se agarra con tesón a un indicio de cambio. Más por trasladar las posaderas de sitio y sentir la circulación regando nuevamente que por convicción hacia la novedad. Pero uno es presa de sus decisiones y gusta de caminar como los trenes, en un dirección sólida, casi siempre en línea recta con difícil rectificación en poco espacio.

Quizás por ello me vi obligado a mantener mi querido gabinete con las puertas y ventanas casi cerradas. Dejando intuir que estaba vivo pero sin dar muestras demasiado tangibles. Necesitaba viajar, moverme en esas vías para parar en otras estaciones y así, sabedor de que sólo era un desplazamiento temporal, retornar con ganas invadidas de melancolía.

Ese viaje ha durado más de lo pensado, pero como no había nada planeado tampoco existía una fecha marcada en el calendario ni un billete de regreso que me detuviera. Ahora siento la necesidad del regreso, de abrir la ventana de los recuerdos y dejar que nuevamente afloren hondas historias de un pasado reciente que parecía superado. Pero no es fácil olvidar cuando la sinceridad, el deseo extremo y un extraño sentimiento de felicidad o satisfacción plena se apoderó de esta mente maltrecha, volátil y presa de la imaginación. Como un sueño de cine.

Ahora es el momento de levantar las persianas, airear el espacio y dejar que la vida retome su mejor cara. Dejar la puerta entreabierta para que siga sintiéndome acompañado, y esperar que la visita apropiada me haga sentir que todo puede volver a donde estuvo alguna vez.

Como las vías del tren, en ocasiones te encuentras con cruces de otras vías, que continúan paralelas y de repente desaparecen. Así que quiero que paren las máquinas, que yo me bajo. Me agarro a mi botella de whisky y retomo mi nuevo camino sobre mis pies, sin una ruta marcada y con ganas de vivir la noche y el día, excitarme en mi sofá pensando en bellas mujeres y seguir escuchando a esos personajes de ficción que tanto extraño. Con más arrugas, y un hígado más sano, el Dr. Strangelove no promete nada, pero al menos no olvidará más que su gabinete ha cumplido años y que hay que establecer ilusionantes proposiciones, aunque sólo sirvan para seguir el camino.

Si hay alguien por ahí, que sepa que el olor a naftalina se ha ido y que la calidez se ha apoderado de nuevo de este viejo espacio.

6 comentarios:

MalditosTacones dijo...

Sí, querido Doctor.

Parece que nos hemos puesto de acuerdo más de uno y hemos comenzado a abrir puertas, ventanas (y de paso, comenzar a tirar cosas inservibles por ellas) para dejar pasar lo que tenga que pasar.

Que para eso estamos vivos, coño.

Me alegra volver a leerle más Doctor y más Strangelove que nunca.

Me alegra saber que su gabinete se pone en marcha.

Besos, húmedos.

Tha dijo...

¡venga, vengaaaa, que corra el aireeee! pero no mucho no se me vaya a resfriar y prepare ya el diván y a ver quién llama. Que esto está acogedor, así que me quedo un rato.
Un besoo

cu dijo...

Hommmbre, pero q bueno!. Me gusta esa actitud con la q has vuelto y el cambio de look.
No te preocupes q no eres el único q necesita de vez en cuando un parón, algunos hasta hemos cerrado el chiringuito y lo hemos abierto de nuevo.
Espero seguir leyéndote tan bien.

Besos y arañazos, chato!

el_irlandés dijo...

Yo de todo esto sólo me he quedado con lo de la botella de whiskEy. Con E, señor doctor, como los buenos irish. Y no me joda con mariconadas americanas.

Viola de Lesseps dijo...

Aquí estábamos esperándolo querido Doctor, que el que más y el que menos abandonó noches y días, pero parece que el año nos ha recargado las pilas.

Besos desde la Noche

Alicia Liddell dijo...

Pues el gabinete ya está suficientemente ventilado.