31/1/2006

Bettie Page


Anoche sufrí una especie de embrujo. Como una de tantas correrías nocturnas, empezó sin decidirlo y acabó sin pensarlo. Simplemente me abandoné a la aventura. Deambulé sin rumbo, una copa aquí, otra allá. No me gusta la asiduidad de los bares nocturnos, sus camareros enseguida creen que te conocen y te sirven sin preguntar con media sonrisa cómplice. Los odio. Me gusta que me pregunten, que pasen el paño limpio en mi trozo de barra, que tomen interés, un protocolo previo. Sin preguntas. Sólo servir en condiciones. Por eso no suelo frecuentar más de dos veces consecutivas un mismo bar nocturno.
Acabé entrando en un antro bastante grande, a juzgar por el enorme neón que atraía hipnóticamente a noctámbulos despistados como yo. Había incluso aglomeración en la entrada, así que supuse que debía estar muy ambientado el interior.
A veces entre la multitud encuentras un rincón solitario y aislado donde poder beber y mirar alrededor sin más pretensiones. Me encontré un estruendo de gente hablando, riendo, bebiendo, música envolvente. Poca luz, centelleante. Demasiados hombres. Las escasas mujeres eran las camareras, muy sonrientes y sexys. Mi primera copa en la barra. De repente un silencio. Las luces se atenuaron. Las cabezas se giraban al unísono. Comenzó una música. Decidí echar un vistazo a mi espalda. Dios...
Un pequeño escenario con una barra metálica en el centro estaba iluminada por un potente foco cenital. Luz blanca. Una pedazo de hembra irrumpe sensual, con movimientos lentos, pausados, exhibiéndose. Un traje de cuero negro ajustado a unas curvas prominentes. Una máscara cubría su rostro. Larga melena negra recogida en una cola que le llegaba a la cintura. Botas hasta las rodillas, tacones de aguja y portando un látigo. Sin duda el sueño fetiche de cualquier aficionado al sado, al cuero negro y a las mujeres.
Me puse cómodo. Pedí otra copa. La música seguía el ritmo de sus movimientos, o al revés. Da igual. Nadie podía dejar de mirar. Sabía captar la atención. Poco a poco se fue desprendiendo de sus escasas vestiduras. Muchas cremalleras que daban juego. Desde el suelo a la barra, giros, piernas arriba, abiertas, de espaldas. Caminando como una gatita. Sólo le quedaba puesto un ajustado sostén que evidenciaba dos senos prietos y proporcionados. Sus caderas amplias dejaban paso a unas piernas largas y fuertes. Muslos duros.
No podía dejar de mirarla. Solo mirar. Un hilo de baba debía asomar por la comisura de mi boca. Inevitable. Sin buscarlo. El espectáculo terminó con ella desnuda de cintura arriba pero tapándose de soslayo. Dejando entrever lo que todos queríamos. Pero sólo una sugerencia fugaz. Lo demás quedó al descubierto hacia el escenario. Las luces volvieron a resurgir y el mutismo de los espectadores se rompió, todos reían y comentaban, dándose golpes con el codo mientras bebían.
Yo me marché. Me quedé perplejo. Un espectáculo impresionante, sensual, femenino...
Necesitaba rememorarlo entre sueños.
Llegué a casa y cuando estaba abriendo la puerta escuché a alguien que se acercaba. Unos tacones retumbaban secos en el rellano.
-Hola doctor. Soy Bettie Page. ¿Me podría atender? Ya sé que no es horario de visita de pacientes. Pero no puedo esperar, tengo una urgencia. Seré breve.
Ella, una mujer alta, poderosa en su escote, generosa en su porte, de larga melena y pronunciada silueta. Me pilló descolocado.
-Pase, si es tan amable.
Encendí las luces, me quité el abrigo, puse dos copas y me senté ante mi escritorio.
-Dígame. En qué puedo ayudarla.
-Tengo miedo.
-¿A qué, exactamente?
-A mi aparición en las pantallas.
- Creo recordar que pronto se iba a estrenar una película sobre su vida, una biopic. Bien. Su estado no debe preocuparle. Una mujer de su garbo y atrevimiento no debería sentir miedo. Su vida es muy interesante, fue un verdadero icono sexual, muchos hombres soñaron con usted y vivieron una etapa de sus vidas observando sus fotos colgadas de la pared. La polémica que suscitó entonces fue mucho más dura de soportar que el simple temor a un estreno.
-Es que ha pasado mucho tiempo y no sé si después de tantos años le interesaré a alquien. Ahora están otras como Jennifer López que son las que gustan.
Ciertamente se la ve preocupada. Se frota las manos, su mirada inquieta, sus piernas no dejan de moverse. Pero en cada movimiento se aprecia sensualidad, sabe moverse, sabe mirar, sabe dejarse mirar...
-Es usted una mujer de armas tomar, bella, muy atractiva y adelantada a su tiempo. Ahora el público está suficientemente preparado para entenderla. Verá como sus fotografías vuelven a resucitar y a aparecer en todos los medios de comunicación. Su película la resurgirá en este tiempo para contar lo que pasó y rememorar otra época. Distinta pero teniendo en cuenta que son los EEUU, la polémica de sus fotografías puede estar de nuevo dentro de polémica (y más con el gobierno Bush). Políticamente incorrectas. Eso gusta. Crea críticas y comentarios a doquier. Anímese. Si le parece, volvemos a vernos tras el estreno y ya me cuenta. Y si empeora me visita en cualquier momento (como hoy) y buscaremos otra solución. Pero no tema, no piense en lo que se aproxime y dedíquese a cuidarse y ser quien es. Demuéstrelo a todo el mundo.
-Gracias doctor. Lo intentaré.
Se levantó y su perfume me llegó como una brisa fresca y sofisticada. Sus labios carmesí sobresalían en su palidez. Una belleza singular. De calendario. Pero interesante. Como la gatita encuerada que me embrujó mientras bailaba. Hoy soñaré con ella. O con las dos.

25/1/2006

Inspector Clouseau


Hoy me siento mucho más desahogado. Liberado. Descargado. Anoche decidí subir al Séptimo Cielo, en vez de descender al infierno como es habitual. Gracias a la generosidad de la señorita Tramell cancelé mi deuda pendiente con mi casera (no tuve que verla, sólo le eché el dinero por debajo de la puerta) y como hacía tanto tiempo que no tenía esa cantidad de dinero en el bolsillo decidí pensar bien en qué lo iba a invertir.
La presión genital seguía ahí y no me dejaba meditar. Así que decidí atenderla y saldar también esa deuda pendiente.
El Séptimo Cielo es un verdadero paraíso, la entrada es restringida ya que es muy selecto su interior. Después de asearme y mostrar mi mejor cara no tuve problemas en acceder. Todo parecía marchar de perlas. Chicas guapas, mejores tías buenas y zorras espectaculares. El whisky carísimo pero ya que estábamos no pensaba privarme de nada. Además la camarera se dejaba manosear cada vez que me servía y eso es algo que hay que pagar. Cuando ya estaba entonado, mirando de un lado a otro y seleccionando a mi concubina, se me acercó una imponente hembra de ébano: labios gruesos, ojos enormes. Por no hablar de sus medidas. Inmensa en su escote y con unas piernas asomadas a una diminuta faldita púrpura que indicaban un poderío atlético que podría hacerme temblar hasta paralizarme. Se me acercó y con sus labios me rozó el lóbulo de la oreja. Ante semejante invitación no tenía más remedio que dejarme guíar.
No tengo palabras. Una diosa de bronce me tomó. No se cansaba, no paraba... aún tengo dormido mi tren inferior.
Ya satisfecho, sin dinero de nuevo y con más ganas de volver, tengo que recibir a un nuevo paciente: el inspector Clouseau.

Aquí está. Abro la puerta y me encuentro a un gendarme uniformado revolcado en el hueco de la escalera.
-¿Se encuentra bien inspector?
-Por supuesto doctor. ¿Podemos pasar?
Su acento francés y su compostura le delatan. Además esa sonrisa bajo un bigote dibujado sobre sus labios no pueden pertenecer a nadie más.
-Por favor, adelante. ¿Viene acompañado?
Como por arte de magia, tras él una aparición maravillosa. Una hembra imponente, elegante con mirada cautivadora.
-Pasen por favor.
-Doctor, le presento a Xania.
-Encantado señorita. Tomen asiento si son tan amables.
Madre mía. Desprende un aroma sofisticado y racial.
¿Una copa?
-No, gracias. Estoy de servicio. Y ella no bebe.
Parece que la señorita Xania es parca en palabras, pero claro, viendo su presencia me parece que tiene poco que decir.
-¿En qué le puedo ayudar inspector? Acaso nervioso por su regreso a las pantallas. El estreno es inminente creo.
-Bueno... no sabría como definirlo, no sé si son nervios o simplemente miedo al regreso.
-Es normal. Suelen acudir aquí muchos como usted. Las sagas cinematográficas crean estrés en sus protagonistas. Si además añadimos que hace bastante años de su última aparición, tenemos un cuadro típico y sintomático del cine actual.
-Pero... doctor, es más bien miedo a no estar a la altura. Tengo un nuevo rostro, que además no me gusta y las generaciones de hoy son más críticas y duras con los personajes como yo que en otro tiempo.
-Mire inspector: sólo puede hacer una cosa y es comprobarlo. Si ha regresado, no es sólo por que a unos productores sin ideas originales se les ha antojado resucitarle, si no también por que hay una legión de seguidores del inspector Clouseau. Es uno de los personajes que más simpatías ha provocado durante muchos años, el humor que tiene es atemporal, siempre gusta. Su torpeza, su despiste y sus investigaciones seguro que vuelven a provocar risas interminables en las salas de cine.
Siento que me estoy explayando pero tengo que convencerle como sea ya que su personaje nunca volverá a ser lo que era (y sobre todo como era).
-Además inspector, le puedo asegurar que con la campaña publicitaria y la espectación generada tendrá el éxito asegurado. Incluso puede que tenga que repetir pronto otra nueva historia.
Ella calla, observa, mira y sonríe. Es bella. Y lo sabe.
-Tómelo por el lado bueno. Tiene una acompañante que bien merece la pena el riesgo. No es fácil toparse con una compañía tan espectacular.
Un silencio prolongado fue seguido de un cruce mutuo de miradas. Xania se levanta, coge del brazo al inspector y se despide con un gesto:
-Gracias doctor por el halago.
El inspector Clouseau me mira:
-Tiene usted razón doctor. Me acompañan en la película unos personajes magníficos, no puede salir mal. Nos tenemos que marchar, nuestras obligaciones nos llaman. El estreno se acerca.
-Mucha suerte inspector. Hasta la vista señorita Xania. Espero volver a verlos pero no aquí. Será buena señal.
Ambos se marchan decididos. El inspector se gira para despedirse y se golpea contra el la puerta. Xania le ayuda a reponerse y se marchan.
Bueno, necesito un trago. Uno se siente bien cuando hace bien su trabajo. Y cuando sales del Séptimo Cielo.


21/1/2006

Catherine Tramell: Adicción al Riesgo



No concilio el sueño. Algo me oprime los genitales, me provoca una extraña sensación de inquietud, de nerviosismo. Ni el whisky consigue relajarme. La respiración se acelera por momentos. Necesito una mujer.
Suena el timbre. No espero a nadie. Si es la casera soy capaz de avalanzarme sobre ella, con apagar las luces sería suficiente... Insisten, ¿será algún paciente desesperado? Abro la puerta y me encuentro con una aparición celestial. Rubia, alta, ojazos azules, bella, atractiva: es Catherine Tramell. Rompo a sudar como un adolescente ante su profesora desnuda.
-Pase por favor. Adelante.
-Gracias doctor.
Su contorneante cuerpo es tan hipnotizante como su mirada profunda. Se dirige con decisión a la butaca de los pacientes y se sienta cómoda. Se quita una chaqueta y deja a la luz un ceñido vestido con generoso escote. Enciende un cigarrillo con parsimonia.
-¿Se puede fumar?
-¿Por supuesto? ¿Una copa?
-Gracias.
Me acerco a la repisa y pongo dos copas de whisky. No. Tres copas. Una, ahora mismo. De un trago. Me giro y Tramell me observa silenciosa. Escrutándome. Le sirvo la copa disimulando mi temblorosa mano.
-¿A qué debo su inesperada visita, señorita Tramell?
-Necesito su ayuda.
-¿Usted necesita mi ayuda?
Han pasado muchos años, pero su belleza no ha hecho sino acrecentarse. Mi ayuda dice, pero si es psicóloga.
-Señorita Tramell... ¿en qué le podría ayudar un humilde servidor?, ¿quizás se encuentra inquieta por su regreso a la pantalla?, ¿no le cae bien el director o el resto de protagonistas?
Ella sigue fumando, disfruta. Da un sorbo al whisky.
-Nada de eso, doctor. Simplemente necesito saber que opina de mi vuelta. De mi nueva aparición. Usted tiene cierta fama de clarividencia al respecto.
-Gracias por los alagos. Había escuchado rumores pero no terminaba de creerme que una de las villanas más villanas y más fascinantes regresara para deleitarnos con su impresionante presencia. No me cabe duda de que usted volverá a triunfar.
-Pero doctor, ¿no ve mayor para seducir, para atraer de nuevo a los espectadores?
-No.
Mi whisky se ha evaporado. Ella me mira con profundidad a los ojos, cada pregunta es un dardo directo. Cautivadora y embaucadora sabe captar mi atención. Pero su escote me hace vizquear y mi mirada no se puede fijar contra la suya más de un segundo. Me remuevo en mi sillón, el calor empieza a sofocarme.
-No, no la veo mayor. Cierto que han pasado muchos años, catorce si mis cuentas no fallan. Pero usted es un personaje que perdura en la mente de los espectadores, se quedó grabado a fuego en las retinas de medio mundo su historia, su forma de seducir, su despiadada manipulación del detective Nick Curran.
-También mi cruce de piernas, supongo.
-Claro, claro. Fue antológico, si me lo permite.
Sus labios húmedos se separan ligeramente esbozando una leve sonrisa. Recostada en el sillón se recoge ligeramente el ceñido vestido y me muestra sus muslos prietos. Me está poniendo como una locomotora a todo tren. Tengo que calmarme. Es una paciente. No puedo dejarme llevar.
-¿Volverá a repetir alguna escena similar?
-¿No pretenderá que le desvele el misterio antes del estreno? Esté seguro que volveré a utilizar mis armas.
-No lo dudo. Mujeres y hombres se rendiran ante su poder de seducción. No me cabe duda.
-¿Se encuentra bien doctor?
-Regular. Llevo noches sin dormir.
- ¿Problemas con alguien?
-Precisamente lo contrario.
-¿Vive sólo?
-Si.
- Vamos, que no folla desde hace tiempo.
Su inquietante mirada se descubre para ofrecer un descarado juego que me está convirtiendo en una marioneta.
-Claro. Eso y que no converso con ninguna mujer atractiva, que no acaricio una mejilla, que huelo una melena femenina, que no siento el calor de un cuello de mujer.
Ella se levanta y enciende otro cigarrillo, observa a su alrededor. Se dirige pausadamente hacia el sofá y se gira para mirarme. Sonríe. Su figura parece desvanecerse entre la media luz y el humo. Se sienta en el sofá lo que hace que sus rodillas queden por encima de las caderas y el vestido se encoja. Echa hacia atrás la espalda y sigue fumando. Y sonriendo. No deja de mirarme.
Mis gónadas empiezan a hervir. Mi cerebro se bloquea y no consigo hilar dos palabras. Me levanto, sirvo más whisky. Bebo. Respiro. Noto su presencia a mis espaldas.
-¿Por dónde íbamos? Ah! usted no estaba segura de volver a gustar a los espectadores. Quizás le puedan ver como una mujer despiadada y manipuladora, pero eso gusta. A muchos hombres les gusta ver a una mujer tan decidida, tan atractiva y seductora que lleve el peso de la trama. Bueno y en los tiempos que corren, también a muchísimas mujeres. Porque, ¿usted seguirá siendo bisexual?
Guarda silencio. No contesta. Me giro y la veo apagar el cigarrillo e incorporarse. Estoy justo enfrente. Me mira. Guarda silencio y realiza un cruce de piernas pausado, sutil pero descarado. Creo haber visto lo que debería haber visto. Pero un cosquilleo que me recorre la espalda me deja absorto. Paralizado. Ella vuelve a sonreir, ahora con más intensidad. Una carcajada. Se levanta y se acerca a mí con su mirada penetrante. Se acerca demasiado. Sus labios casi rozan los mios. Un hilo de whisky desciende por mi barbilla. Su lengua la recoge hasta llegar a mi boca y cuando lo hace me agarra fuertemente por el cuello y la espalda y su lengua me roza la campanilla. Me mareo. Caemos en el sofá, se pone encima. En un instante siento sus manos recorriéndome, su lengua no sale de mi boca. No respira. No respiro. Me ahogo. Se echa hacia atrás tirándome de la camisa que me la arranca. Los botones saltan. Me quemo. Me quemo. Se vuelve a echar más atrás como buscando algo entre los cojines del sofá. Y en ese instante la trinco por la cadera y tiro de ella hacia mí. Nos besamos. Esta vez más casto y breve. Se escabulle y se pone en pie.
-Gracias por todo doctor. Me ha ayudado como no se lo imagina.
Pues usted a mí me ha dejado a medias. Pienso en voz baja. O quizás no.
-A lo mejor algún día volveremos a vernos.
-Eso espero.
-Que tenga suerte con las mujeres. Besa usted muy bien.
-Gracias a usted, señorita Tramell. Le deseo lo mismo con su nueva película.
Deja un sobre en la repisa, junto al whisky, se coloca la chaqueta y sale por la puerta después de guiñarme un ojo.
No puedo creerme lo que ha pasado. Aún no puedo reaccionar. Me incorporo sentándome, miro a un lado, a otro. Estoy aturdido. Me levanto bruscamente tembloroso y escucho caer algo al suelo. Un picahielos. Un punzón para el hielo se ha deslizado de entre los cojines hacia la alfombra. Los huevos se me ponen duros y el sudor se me hiela en la frente. Al instante, una sensación placentera me recorre el cuerpo. Aunque sea por esta vez, me alegra no haberla metido.

18/1/2006

Clooney



Van pasando los días, las semanas y no mantengo una conversación con una mujer. En concreto con una mujer joven y atractiva. Porque con la única que he dialogado ha sido con mi casera, que no falta puntualmente cada mes para reclamarme el pago del alquiler. Y ella no es precisamente el ejemplo de una mujer joven y atractiva. Es más, se que es mujer porque tiene nombre de mujer, pero ahí queda su femeneidad. Su aspecto se asemeja más a una mezcla entre el Gollum y Chewbacca: menuda con ojos grandes, pero desproporcionada en sus extremidades y con demasiado vello. Cuando llama a la puerta se que es ella porque emite un fétido aroma a cocina grasienta y antes de abrir tengo que tomar aire antes de escuchar siempre la misma cantinela y las mismas recriminaciones. Con buen talante me despido y la despacho con celeridad antes de asfixiarme completamente.
Cuando me cruzo con una joven atractiva siempre espero que me devuelva la mirada pero parezco el hombre invisible. Me siento ignorado. A veces casi me conformo no con unas palabras sino con una mirada prolongada. Pero es desastroso. Y viendo a George Clooney como las hipnotiza me siento aún peor.
White Chocolate me ha llamado tras la gala de los Golden Globes pero me tuvo que colgar rápido porque la policía andaba tras sus pasos, una vez más. Traspasó las medidas de seguridad de la alfombra roja como es costumbre, cuando todos y todas se giraban su atención cuando George Clooney hizo su aparición elegante y sonriente. Pero un estúpido perro policía lo encontró donde no debía y fue expulsado. Después de identificarlo fue detenido y entretanto me llamó para comentarmelo. Así que este año nos quedamos sin sus instantáneas mórbidas que tanto gustan. Una noche en el calabozo y volverá a sus andadas. Ánimo colega. Me voy en busca de una careta de Clooney a ver si me como un rosco.

15/1/2006

Los Globos de Oro



Llevo dos días sin pisar la calle. El tiempo es desapacible, viento y lluvia que no invitan a merodear sin motivo. Las existencias de whisky han descendido hasta la reserva. Mañana tendré que ir a por más.
White Chocolate me telefoneó. Está muy atareado. Se acerca la entrega de los Golden Globes Awards y las estrellas de Hollywood fluyen de un lado a otro. Tras la ceremonia vendrán las fiestas privadas y allí, mi amigo se colará buscando fotografías prohibidas. Me comentó que cazar a la Jolie y a Pitt juntos se paga a buen precio. Si además a ella se le ve la barriguita, se duplica. Cosas de Hollywood. Parece que las parejitas se han lanzado a traer críos, también Matt Damon acaba de anunciar su futura paternidad, así como Gwyneth Paltrow su segundo retoño (esperemos que no sea otra niña y le ponga "naranjita", así tendría el frutero completo). También se han apuntado: Tom Cruise (y creían que era impotente), Mark Wahlberg (por segunda vez) y Rachel Weisz (por cierto nominada a los Golden Globes).
Mi amigo me adelantó los favoritos que más suenan para los Globos:
Brokeback Mountain (parte con ventaja y pillará algo importante), Philip Seymour Hoffman, Maria Bello, Joaquin Phoenix , Keira Knightley, George Clooney y Paul Haggis son los nombres que más se está nombrando. En el apartado de televisión, Roma y Mujeres Desesperadas tienen muchas posiblidades. El premio especial (CECIL B. DeMILLE) será para Anthony Hopkins.
Todo esto está muy bien, pero espero ansioso los cotilleos, las noticias que saldrán a la luz, las imágenes menos serias. White Chocolate, espero tu llamada. Quiero saber quien se ha liado con quien, los enfados, las peleas, las miradas amenazantes, el conflicto, en definitiva. Eso sólo vende entre los que nos gusta la realidad sin el maquillaje del espectáculo. La verdad de estrellas humanas, desequilibradas, maniáticas y difíciles. Me gusta lo que las aleja del glamour, de las luces de candilejas y las acerca a nuestro entorno. Su olor, sus cabreos, sus besos clandestinos, su adicciones ocultas.
Bueno, White Chocolate, cuéntame todo con detalle. Tengo que apurar mi último trago.

13/1/2006

Tarantino



Hoy me siento bien. No tengo resaca. He dormido de un tirón desde el amanecer, sin pesadillas, sin vómitos. No he visto la luz del sol. Pero qué importa. Anoche me divertí con un viejo amigo. Vino a visitarme por sorpresa. Hacía tiempo que no manteníamos contacto. Pero en un encuentro inesperado con un amigo recuperas el tiempo perdido y congratula más que una cita.
Salimos a cenar, comenzamos con vino. Recordando viejos tiempos. Acudió a mi gabinete. No necesitaba mucha ayuda. Sólo alguien que le escuchase. Que le entendiese. Nos caímos bien desde el primer momento. Unas cuantas juergas y nos convertimos en amigos.
Tras la cena, paramos en unos cuantos garitos. De esos oscuros, con mucho humo y buen whisky que él sabe que frecuento. Una ruta hacia el amanecer con paradas para divertirse, reir, gritar y hasta bailar. A él le gusta bailar. Se marcó un improvisado swing con una rubia despistada que no le dejó acercarse más de la cuenta.
Me contó sus planes. Lo bien que le va todo y la cantidad de proyectos interesantes que está llevando a cabo. Ha presentado “Hostel”, el taquillazo en EEUU es estos momentos, que ha tumbado al mismísimo “King Kong” de Jackson y a “Las Crónicas de Narnia”, sólo como productor ejecutivo, pero eso vende y se acaba de demostrar. Los mismo ocurrirá pronto con “Killshot” (adaptación de la novela de Elmore Leoard) y con “Hell Ride” (dirigida por Larry Bishop) donde producirá e intervendrá como actor. Tiene en pre-producción “Grind House”, escrita por él y otro impresentable cineasta como R.R., dos historias de terror de una hora en un mismo largo. Al finalizar se pondrá manos a la obra con “Inglorious Bastards”, ambientada en la segunda guerra mundial. Un auténtico futuro alentador.
El amanecer se acercaba y el alcohol ya empezaba a convertirnos en fantasmas solitarios. De regreso, un abrazo sentido y una mirada cómplice. Sin palabras. No hacían falta. Sin despedidas, nos dimos la espalda, cada uno por su camino, sabiendo que volveríamos a vernos. Y aunque pasase mucho tiempo nuestra amistad seguiría intacta.
Por eso hoy me siento bien. Quizás hasta me siente a ver una película. Si es porno mejor.

10/1/2006

El regreso de Rocky Balboa



Delante del espejo me encuentro a una caricatura de mí mismo. Deplorable imagen. Un ojo morado casi cerrado, una ceja muestra el surco seco de haber canalizado litros de sangre y los labios tan hinchados que más parecen los de Louis Armstrong. La cabeza, deformada por varios chichones, se asemeja a la del hombre elefante de Lynch. La nariz está intacta, solitaria entre los despojos de un campo de batalla.
Ayer tuve que usar los puños, pero por la suerte que corrió mi intacto contrincante más parece que ni los hubiera sacado del bolsillo. Me encontraba acodado en la barra de un bar bebiendo tranquilo mi séptimo whisky, embelesado por la belleza de mi escanciadora. Una rubia despampanante con senos protuberantes asomados a un escote infinito, que a cada movimiento hipnotizaban las miradas masculinas. Los clientes, unos snobs, “proges” y reprimidos, incapaces de pasar de una mirada lasciva de soslayo. Me animé con semejante hembra y le solté el primer piropo: “vaya curvas, me gustaría perderme en ellas sin frenos”. Fue ignorado como un posavasos sucio. Con la siguiente copa (la octava, creo), ante la impasible actitud de la rubia, me encaramé por encima de la barra justo cuando ella –ausente– se disponía a agacharse frente a mí y me mostró sus preciosos pechos hasta la frontera que marcaban unos duros pezones.
En ese instante, un brazo como una pierna me devolvió a mi asiento de un golpe seco. Cuando me giré, vi a un titán en camiseta. Me invitaba a abandonar el local señalándome la puerta con el dedo. No era momento de dialogar. Mi lengua no habría podido responder. Le solté un golpe de derecha que pasó de largo a un palmo de la mandíbula. Rectifiqué sin respirar y le lancé el vaso con el hielo. Apenas le salpiqué la camiseta. A partir de ese momento comenzó el festival del gigante Goliat. Me agarró por el cuello y me arrojó varios metros hacia la salida. Rodé entre sillas, mesas y las sonrisas de los malditos snobs acabando bocaarriba. Sin tiempo para levantarme me atizó tres puñetazos: un ojo, una ceja y los labios fueron sus objetivos. El resto no lo recuerdo.
Con este malogrado aspecto tengo que recibir a un paciente: Rocky Balboa.
Ya está aquí.
-¿Se puede?
-Adelante, por favor. Tome asiento.
Apago la luz principal para dejar que una pequeña lámpara atenúe la estancia con su suave claridad.
-Gracias doctor. Seré breve. Tengo que regresar de inmediato a Filadelfia, estoy en pleno rodaje.
-Cuénteme señor Balboa.
-El miedo me invade. Estoy aterrorizado. En el rodaje de la sexta parte de mi historia después de muchos años me tiene preocupado. Han pasado treinta años desde la primera parte y quince desde la última. Además, la prensa, la televisión y algunos círculos cercanos se burlan de mí. Desean que fracase. Que salga derrotado por KO. Que me hunda para siempre. Quizá por mi edad me está afectando demasiado y no estoy centrado.
-Mire, señor Balboa. Usted ya ha demostrado ser todo un campeón. Todo el mundo lo reconoce. Salió catapultado a la gloria en su primera andadura. Lo que ocurre es que las secuelas siempre crean desconcierto. Pero usted es Rocky Balboa, el auténtico potro italiano, todo un campeón. Incansable luchador, tenaz y constante como ningún otro púgil de la historia del cine. Demuestre quien es. Salte al ring como siempre lo ha hecho. Confiado. Seguro de sí mismo. Su carrera le avala. Y muchos que ahora sarcásticamente bromean con su vuelta, vibraran cuando comprueben que no le pueden noquear. Ni a los sesenta años. ¡No hay dolor! ¡No hay dolor!
Su mirada de tigre desvalido deja paso a un brillo de esperanza en sus ojos. Levanta la cabeza y se incorpora de un salto. Comienza a trotar en el sitio. Izquierda, derecha. Lanza unos cuantos golpes al aire.
-Gracias doctor. Se lo recompensaré.
-De nada. Y déle recuerdos a su hijo. Me caía bien.
Desaparece veloz entre las sombras.
Mi cabeza me va a estallar. Esto es peor que una resaca. Un poco de whisky y Miles Davis me repondrán.

9/1/2006

A SANGRE FRIA



La otra noche presencié un brutal asesinato. Una familia caminaba por la calle. Cuando se disponían a cruzar hacia la otra acera, la niña pequeña acelera el paso. Se queda sola en el centro del asfalto y se gira para mirar atrás. Demasiado tarde. Un coche que acababa de girar en la cercana esquina frena pero no le da tiempo a detenerse. La niña cae golpeada. La familia grita desesperada y dos de los miembros sacan dos pistolas y acribillan al conductor. No le dió tiempo a bajarse. La niña se levantó sola. Asustada. No le sucedió nada grave. El conductor no lo pudo contar. Los ejecutores desaparecen. El resto permanencen quietos formando revuelo entre los viandantes que se acercan curiosos. Los ejecutores corren en mi dirección. Me miran a la cara y me hacen un gesto de guardar silencio. Desaparecen. Necesitaba beber urgentemente. Mucho whisky para digerir el mal trago. No me asusto fácilmente pero ante estas situaciones las reacciones son imprevisibles.
White Chocolate me llamó para contarme que "Capote" (dirigida por Bennett Miller e interpretada por Philip Seymour Hoffman) había sido elegida la mejor del 2005 por la crítica yanqui. Suena como favorita para los Oscar. David Cronenberg fue el mejor director del año por "Una historia de violencia". Gracias White Chocolate. Pero esta noche la realidad se impuso a la ficción.
Necesito whisky hasta perder la conciencia.

5/1/2006

De Niro: “The Good Shepherd”




Llevo varias noches deambulando por la ciudad. Me siento un esclavo de la jungla de asfalto, de las luces de neón y sus rostros anónimos. Los hombres solitarios como yo, encontramos nuestro sitio entre la muchedumbre, en la nocturnidad de garitos con olor a whisky y charlando de nada con camareros y taxistas. Antes de caer la tarde, me ha llamado mi confidente en Hollywood.
White Chocolate es su nombre de guerra, como a él le gusta que le llamen. Es fotógrafo, periodista y perseguido. Cronista de las vergüenzas de los famosos, odiado por la policía y las estrellas a partes iguales. Se cuela donde no puede, ve lo que no debe ver y escucha conversaciones privadas. Está al día de todo lo que se cuece, aunque más bien está por delante. Le conocí en un sucio antro donde coincidíamos por las noches cuando la vigilia se apodera del insomnio. Buenas conversaciones regadas con abundante whisky. Nos hicimos buenos amigos. Intercambiábamos información confidencial. De vez en cuanto hablamos por teléfono.
Me ha contado que De Niro ha terminado la post-producción de “The Good Shepherd”, su regreso a la dirección con Matt Damon y Angelina Jolie (de nuevo la Jolie se cruza en mi camino, ¡ñam! ¡ñam!) y que los productores tienen buenas expectativas. Confío en White Chocolate. Y también en De Niro.
Por cierto, hace justo treinta años que Travis Bickle (De Niro en “Taxi Driver”), un ex-marine y, también solitario e insomne, alcanzó la fama, de la mano del gran Scorsese.
Esta noche me dejaré llevar por la ciudad, quizás acabaré durmiendo en el parque, amaneceré en un bar de ambiente, o conoceré a alguna angelinajolie de tres al cuarto, aunque lo más probable es que me acueste despierto junto a mi mejor amiga (mylefthand).

3/1/2006

Bond, de nuevo



Después de encadenar varias resacas consecutivas, la cabeza parece que desea desprenderse del cuerpo, el estómago no soporta más centrifugados y las piernas son incapaces de moverse y tirar de las cadenas que las sujetan al suelo. Nada sabe bien, todo huele a alcohol destilado y las formas y colores se confunden en una nebulosa onírica. Unos días de reposo en la cama, inmóvil, arreglan estos desperfectos. Después, un corto paseo por la ciudad, la luz vuelve a retomar su tonalidad y los movimientos comienzan a recuperar su habitual coordinación.
Aún no he podido probar bocado pero pronto lo intentaré. Ahora espero visita. Bond volvió a llamar. Está desesperado. Una crisis de identidad muy común cuando el mismo personaje ha tenido varias caras. Habitualmente, al superar una trilogía, los personajes comienzan a sentirse encasillados y su decaimiento acaba en crisis, no siempre fáciles de superar. El caso de Bond es aún más singular. Es un protagonista previsible al límite. Siempre se impone a villanos imbéciles y a sus secuaces los tumba con un leve soplido, cual marionetas de cartón. Las chicas no se le resisten y consigue llevárselas a la cama en un santiamén (la parte buena). Pero sus obligaciones como superagente secreto le impiden dejarse llevar por cualquier mínimo impulso genital. Sabe pilotar, esquiar, bucear y cualquier actividad inverosímil que se tercie. Por no mencionar sus artilugios. Inventos absurdos que provocan risa más que sorpresa. Cualquier cosa en un arma letal. Ya falta poco para que los guionistas le obliguen a lanzar un lapo explosivo para destrozar una puerta acorazada.
Riiiinnnng!!
Ya está aquí.
-Adelante señor Bond.
Su elegancia es atemporal: impecable, planchado, limpio e imperceptiblemente perfumado. Su nuevo rostro es aún desconocido para el gran público. Pronto dejará de serlo y debutará con “Casino Royale”, la enésima entrega de la saga Bond.
El nerviosismo es patente. Su predecesor alcanzó una alta cuota de popularidad. Caía bien. Apuesto, elegante, aunque un poco pedante.
-Señor Bond, me imagino que su situación no es sencilla de sobrellevar –le comento para romper el hielo.
-No se lo imagina. Como agente secreto me han preparado para resolver las situaciones más difíciles, enfrentarme a todo tipo de obstáculos. Pero para esto nadie está preparado. Los espectadores no son tontos, cada vez son más jóvenes y James Bond está muy visto. Les aburre. Ya están cansados de mí. Y ahora me toca regresar. Con mi nueva imagen. Estoy aterrado. Seguro que desemboco en mi entierro.
Parece afligido, cabizbajo, inseguro.
-Señor Bond. Escúcheme. Eso que asegura ser su hándicap es precisamente el principal aliciente que tienen sus seguidores y todos los espectadores en general. Desean conocerle. La renovación ha sido siempre una de las claves del éxito de las historias del superagente. Siempre ha supuesto un renacimiento, hasta el punto de llegar a convertirse en un género cinematográfico propio. Las películas de James Bond hacen vibrar a grandes y pequeños, los jóvenes disfrutan con sus aventuras tanto como los más mayores. Nuevos villanos, nuevos artilugios y tramas adaptadas a los tiempos que corren.
(Esta clarividencia me demuestra que no hay resaca que pueda conmigo)
Le sirvo una copa de mi mejor whisky.
-Déjese de mariconadas. Prueba este whisky. Beba. Se sentirá mejor. Libérese de sus arquetípicos comportamientos.
-Gracias doctor Strangelove. Pero tengo que mantener mi imagen, que no es fácil, y, sobre todo, mi reputación ¿qué sería de James Bond ebrio?
-La verdad es que ahora usted parece un tipo más duro. No le vendría mal algún cambio. No le vendría mal beber un poco y desinhibirse, dejarse llevar por el desenfreno con las chicas. Más descaro para romper esa representación acartonada.
-Lo de las chicas es otro punto que prefiero ni pensar en ello. Siempre me tengo que acostar con ellas. Las consigo con demasiada facilidad. Eso ya no se lleva. De vez en cuando un rechazo daría más morbo al público femenino.
-¿Qué estás diciendo? Mira Bond, no te equivoques. Si hay algo que gusta a todas es precisamente tu virilidad. A ellas les gusta verte lanzado y decidido. Atacando con finura y elegancia. Déjate de tonterías y hazme caso. Es más, deberías ser más osado. Mas viciosillo: un buen magreo, unas palabritas sucias…
-Soy James Bond, no Torrente.
-Según me han informado, señor Bond, entre las candidatas a convertirse en chicas Bond, se barajan nombres como Charlize Theron o Anjelina Jolie. No me diga que no sería un taquillazo si apareciese en una tórrida escena dándose el lote con la Jolie en plan guarrete o desnudar a mordiscos a la Theron. Señor Bond, déje sus preocupaciones aparcadas, el futuro es halagüeño. Compórtese como Bond pero déle un toque… que le digo yo… más impulsivo, menos frío y más vámonos que nos vamos. Marche tranquilo y, si le parece, nos vemos después del estreno de “Casino Royale”. Ya analizaremos su situación con más certidumbre. Buena suerte (aunque no la necesita).
-Gracias doctor. Ahora me siento algo mejor. Le haré caso. Si puedo le cogeré el culo a Angelina.
-Claro hombre. Bye, bye.
Esperemos que los guionistas se lo permitan y que la Jolie se deje. Por cierto, me está entrando un calentón. Esta noche buscaré a una angelinajolie. Necesito liberar mis fluidos corporales.